El Dios de los filósofos y el Dios de los teólogos (Melanchthon)

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En la edición final de Loci communes (1559), Felipe Melanchthon proporciona un buen ejemplo de cómo pasar de una definición filosófica de Dios a una definición teológica. Melanchthon había agregado una sección llamada de Deo (que falta en la primera edición) a las ediciones posteriores de su Loci, pero el pasaje a continuación no se encuentra en las segundas aetas (o «edades») de la obra, sino solo en su tercera o última «edad».

Melanchthon comienza con una definición que atribuye a Platón: «Dios es la mente eterna, la causa del bien en la naturaleza»1Cf. Platón, Faedo 97b-c: «Entonces, un día escuché a un hombre leyendo de un libro, según él, de Anaxágoras, que es la mente la que ordena y causa todas las cosas. Estaba satisfecho con esta teoría de causa, y me pareció ser de alguna manera correcto que la mente debe ser la causa de todas las cosas, y pensé: «Si esto es así, la mente ordena todo y establece cada cosa como es mejor para que sea. Entonces, si alguien desea encontrar la causa de la generación o destrucción o existencia de una cosa en particular, debe averiguar qué tipo de existencia, o estado pasivo de cualquier tipo, o actividad es mejor para ello»».. Luego, descifra esta definición e indica que es correcta hasta su propio alcance. Esta no llega lo suficientemente lejos porque no describe a Dios como se ha revelado a sí mismo: no nos dice nada acerca de la Trinidad. Esto solo viene a través de la Palabra. La revelación no destruye el conocimiento natural de Dios, pero añade la claridad de la sabiduría y la doctrina divina, que no es accesible a la razón, a lo que de otra manera serían solo «los pensamientos de la mente humana». Debe señalarse que esos pensamientos encapsulados en la definición platónica, aunque incompletos, son verdaderos. 

Para poder llegar a una definición de Dios, haré una comparación de dos definiciones. Una definición es un esfuerzo truncado por Platón. La otra es una definición completa que se ha transmitido en la iglesia y que se deriva de las palabras de Juan el Bautista. Platón dice: «Dios es la mente eterna, la causa del bien en la naturaleza». Ahora, aunque esta definición de Platón está arreglada de una manera tan sabia que es difícil para aquellos con poco entrenamiento juzgar lo que falta en ella; sin embargo, debido a que aún no describe a Dios como Él se ha revelado, se requiere una definición más clara y apropiada. La definición es: Dios es una mente eterna; es decir, una esencia espiritual, inteligente, la causa eterna del bien en la naturaleza; es decir, Creador verdadero, justo, bueno y todopoderoso de todas las cosas buenas, de todo el orden en la naturaleza, y de la naturaleza humana, las cuales todas están dirigidas a una cierta meta ordenada; es decir, a la obediencia. Platón ha incluido todas estas cosas. Pero siguen siendo los pensamientos de la mente humana que, a pesar de ser verdaderos y sabios, y desarrollados sobre la base de pruebas seguras y demostrables, necesitan una adición para decirnos qué tipo de Dios se ha revelado. Por lo tanto, debemos recurrir a la segunda definición: Dios es una esencia espiritual, inteligente, eterna, veraz, buena, pura, justa, misericordiosa, libre, inmensamente poderosa y sabia; el Padre eterno, que ha engendrado a Su Hijo desde la eternidad a su propia imagen; el Hijo, que es la imagen coeterna del Padre, y el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo. Así es como la Deidad ha sido revelada en la Palabra segura: que el Padre eterno con el Hijo y el Espíritu Santo crearon, y hoy preservan, el cielo y la tierra, junto con todas las criaturas; y de entre la raza humana, que fue creada para ser a Su imagen y rendirle obediencia, ha escogido para sí mismo a la Iglesia; para que por esta Iglesia la única y verdadera Deidad pueda ser revelada con un testimonio seguro a través de la Palabra que ha sido dada por los profetas y apóstoles; para que Él pueda ser reconocido, invocado y adorado de acuerdo con la Palabra divinamente dada, y  para que todas las religiones que inventan otros dioses sean condenadas, y esta Deidad verdadera sea glorificada en la vida eterna (Tr. JAO Preus [modificado], en The Chief Theological Topics: Loci Praecipui Theologici 1559 [2nd ed.: Concordia, 2011], pp. 12-13; el texto en latín se encuentra aquí).

Este artículo fue publicado originalmente en The Calvinist International. Traducido por Romel Quintero.

Profesor de clásicos en Hillsdale College.

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