¿Es el bautismo un sello o un testimonio público?

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El entendimiento del bautismo como un testimonio público de la fe ya existía en tiempos de Juan Calvino, y éste no lo pasó por alto en su discusión sobre el bautismo en la Institución. En el libro 4, capítulo XIV, sección 1, habla de algunos para los que el bautismo «no es otra cosa que una señal o marca, con la que confesamos ante los hombres nuestra religión». Esto no significa que Calvino se opusiera al bautismo como testimonio público; todo lo contrario, él dice que el bautismo sirve para que “atestigüemos” delante de “los hombres” la “piedad” y “reverencia” que profesamos1Asimismo, dice que atestiguamos delante de Dios y los ángeles.. Más bien, el problema de las personas mencionadas es que «no tienen presente lo principal del Bautismo; es decir, que debemos recibirlo con la promesa de que todo el que creyere y fuere bautizado, será salvo (Mc. 16, 16)» (Inst. 4, XIV, 1). Lo primero en el bautismo es la promesa que es sellada por el sacramento. Lo segundo es el testimonio público. En otras palabras, el problema de quienes Calvino habla aquí es que hacen de lo segundo lo primero.

Calvino, entonces, reconoce que ambas cosas son verdaderas y que pueden coexistir en un orden correcto, poniendo cada una en su debido lugar. De hecho, Calvino, en la introducción del capítulo XV sobre el bautismo, dice seguir este orden para su discusión:

[El bautismo] nos ha sido dado por Dios, en primer lugar, para servir a nuestra fe en Él; y, en segundo lugar, para confesarla ante los hombres. Trataremos por orden estos dos puntos y las razones de ambos.

Así, en el resto del capítulo, Calvino explica el bautismo como un sello de la promesa de Dios y, finalmente, como una confesión delante de los hombres: «[El bautismo] es una nota con la que públicamente profesamos que queremos ser contados en el número del pueblo de Dios» (13.2).

En conclusión, ambas cosas son verdaderas del bautismo. Afirmar una no equivale a negar la otra. En este asunto (y en otros) la salida no está en escoger una opción u otra, sino en un reordenamiento de lo principal y secundario. En el bautismo somos sellados (Ro. 4:11), pero consecuentemente confesamos ante los hombres: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios» (Hch. 8:37). Hoy, aquellos que hacen del testimonio público lo principal, deben poner en primer lugar el sello de la promesa. Y aquellos que rechazan el bautismo como “testimonio público”, deben abrazarlo y enriquecer su doctrina bautismal.

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Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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