Las confesiones reformadas (6): la Confesión Tetrapolitana (1530)

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La confesión más antigua de la iglesia reformada en Alemania es la Confesión Tetrapolitana, también llamada la confesión de Estrasburgo o Suabia. 

Fue preparada con gran prisa por Martín Bucero durante las sesiones de la Dieta de Augsburgo (1530), con la ayuda de Wolfgang Capito y Caspar Hedio, en nombre de las cuatro ciudades imperiales (de allí el nombre) de Estrasburgo, Constanza, Memmingen y Lindau que, a causa de su simpatía por el zuinglianismo, fueron excluidas por los luteranos de sus conferencias teológicas y políticas, y de la Liga Protestante. Estas ciudades hubiesen preferido unirse con los luteranos en una confesión común, pero en ese tiempo incluso Melanchthon estaba más preocupado por conciliarse con los papistas que con los zuinglianos y anabautistas; y de los príncipes luteranos el Landgrave Felipe de Hesse fue el único que, desde una perspectiva estadista de la crítica situación, favoreció una unión sólida de los protestantes contra el enemigo común, pero en vano. Por consiguiente, luego de que los luteranos presentasen su confesión (25 de junio), y Zuinglio la suya (8 de julio), las cuatro ciudades entregaron las suyas (11 de julio) al emperador, en alemán y latín. No fue leída ante la Dieta, pero una refutación llena de malas interpretaciones fue preparada por Faber y Cochläus. Los divinos de Estrasburgo no fueron favorecidos con una copia de esta refutación, pero secretamente buscaron una, y respondieron con una «Vindicación y defensa» (así como Melanchthon escribió su Apología de la Confesión de Augsburgo durante la Dieta). La Confesión y la Apología, luego de ser retenidas durante un año por razón de la paz, fueron oficialmente impresas y publicadas en ambos lenguajes, en Estrasburgo, en el otoño de 1531. 

La Confesión Tetrapolitana consiste de 23 capítulos, además del prefacio y la conclusión. En doctrina y forma es similar a la confesión luterana de Augsburgo, y posee el mismo espíritu de moderación. Sin embargo, el elemento reformado aparece en el primer capítulo (De la predicación), en la declaración de que nada debe enseñarse en el púlpito sino lo que se contiene expresamente en las Sagradas Escrituras o se puede deducir correctamente de ellas (la confesión luterana, probablemente por consideraciones prudenciales e irénicas, calla en cuanto a la autoridad suprema de las Escrituras). La doctrina evangélica de la justificación se declara en los capítulos tres y cuatro de forma más clara que Melanchthon; a saber, que somos justificados no por nuestras obras, sino solo por la gracia de Dios y los méritos de Cristo a través de una fe viva, que es activa en amor y produce buenas obras. Las imágenes son rechazadas en el capítulo XXII. La doctrina de la Cena del Señor (cap. XVIII) se presenta con un lenguaje ambiguo, con el propósito de abarcar en sustancia las teorías luteranas y zuinglianas, y contiene la semilla de la postura desarrollada con más claridad y plenitud por Calvino. En esta ordenanza, se dice, Cristo ofrece a sus seguidores (de forma tan verdadera como en la Institución de la Cena) su sangre misma y su cuerpo mismo como comida y bebida espiritual, por las cuales sus almas son nutridas para vida eterna. Nada se dice del comer oral y del fruto de los incrédulos, que son características distintivas de la postura luterana. Bucero, que asistió a la conferencia en Marburgo (1529), luego trabajó con gran celo para producir un compromiso doctrinal entre las teorías contendientes, pero sin efecto. 

Podemos considerar la Confesión de Estrasburgo como el primer intento de un símbolo de unión evangélica. Pero el amor de Bucero por la unión fue un obstáculo para el éxito de su confesión, que nunca echó raíces; ya que en las iglesias reformadas fue reemplazada pronto por las confesiones más claras y lógicas del tipo calvinista, y las cuatro ciudades posteriormente suscribieron la confesión luterana para unirse a la Liga de Esmalcalda. Bucero mismo permaneció fiel a su credo, y lo confesó nuevamente en su testamento (1548), y en su lecho de muerte.  

—Philip Schaff, Creeds of Christendom, with a History and Critical notes. Volume I. The History of Creeds. § 68. The Tetrapolitan Confession.. Trad. Romel Q.

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