Las confesiones reformadas (2): las diez tesis de Berna (1528)

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Las diez tesis de Berna (1528)

Después de la conferencia entre los divinos reformados y romanistas (encabezada por el Dr. Eck), sostenida en Baden, Aargau, en mayo de 1526, que formó un punto de inflexión en la historia de la reforma suiza (más decidida que la disputa similar entre Lutero y Eck en Leipzig, 1519), la Reforma triunfó en Berna, el cantón más conservador y aristocrático, así como el más influyente de la confederación. Tres ministros: Berthold Haller, Francis Kolb y Sebastian Meyer, amigos de Zuinglio, y un dotado laico, Nicolas Manuel, que era un estadista, poeta y pintor, previamente habían preparado el camino en medio de gran oposición. El magistrado juntó una convocación del clero y el laicado, que duró 19 días, desde el 6 de enero de 1528 hasta el 26 del mismo mes, donde se discutieron diez tesis que Zuinglio había revisado y publicado por petición de Haller. Varios delegados vinieron de los otros cantones (excepto del romanista) y de las ciudades alemanas sureñas de Constanza, Ulm, Lindau y Estrasburgo. Los obispos de Constanza, Basilea, Lausana y Sion también fueron invitados, pero rechazaron la invitación, excepto el obispo de Lausana, quien envió algunos doctores. El Dr. Eck, que había figurado como el campeón romanista en Baden (así como en Leipzig), prudentemente rechazó seguir esta vez a los «herejes a sus esquinas y madrigueras». Los principales campeones de la causa reformada eran Zuinglio (quien también predicó dos sermones muy efectivos sobre el credo apostólico y contra la misa), Ecolampadio, Haller, Kolb, Pellican, Megander, Bucero y Capito. Lograron una victoria total, y a partir de aquí Berna, Zúrich y Basilea (los tres cantones alemanes más ilustrados e influyentes) estuvieron íntimamente vinculados en la fe reformada. 

Las tesis de Berna son las siguientes: 

  1. La Santa Iglesia Cristiana, cuya Cabeza es Cristo, nace de la Palara de Dios, y permanece en la misma, y no escucha la voz del extraño.
  2. La iglesia de Cristo no hace leyes y mandamientos sin la Palabra de Dios. Por lo tanto, las tradiciones humanas que no están fundamentadas en la Palabra de Dios ya no nos obligan.
  3. Cristo es la única sabiduría, justicia, redención y satisfacción por los pecados del mundo entero. Por lo tanto, es una negación de Cristo cuando confesamos otro fundamento de salvación y satisfacción.
  4. La presencia esencial y corporal del cuerpo y la sangre de Cristo no puede demostrarse por la Sagrada Escritura.
  5. La misa, como ahora se realiza, en la que Cristo es ofrecido a Dios el Padre por los pecados de los vivos y los muertos, es contraria a la Escritura; es una blasfemia contra el sacrificio, la pasión y la muerte sacrosanta de Cristo, y a causa de sus abusos una abominación ante Dios.
  6. Debido a que Cristo solo murió por nosotros, él debe ser adorado como el único mediador y abogado entre Dios el Padre y los creyentes. Por lo tanto, es contrario a la Palabra de Dios proponer e invocar otros mediadores.
  7. La Escritura no dice nada de un purgatorio después de esta vida. Por lo tanto, todas las misas y oficios por los muertos son inútiles.
  8. La adoración de imágenes es contraria a la Escritura. Por lo tanto, las imágenes deben abolirse cuando son erigidas como objetos de adoración.
  9. El matrimonio no está prohibido en la Escritura a ninguna clase de hombres, sino que se permite a todos. 
  10. Dado que, según la Escritura, un fornicador público debe ser excomulgado, se sigue que el celibato impuro es más pernicioso para el clero que para cualquier otra clase de hombres. 

En su sermón de despedida, Zuinglio aborda así a los berneses: «La victoria se ha decantado por la verdad, pero solo la perseverancia puede completar el triunfo. Cristo perseveró hasta la muerte. Ferendo vincitur fortuna. Observen estos ídolos; obsérvenlos conquistados, enmudecidos y esparcidos delante de nosotros. El oro que han gastado en estas tontas imágenes a partir de ahora será dedicado al consuelo de las imágenes vivas de Dios en su pobreza. En conclusión, permanezcan en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estén sujetos otra vez al yugo de esclavitud (Gál. 5:1). ¡No teman! El Dios que los ha iluminado, iluminará también a sus confederados; y Suiza, regenerada por el Espíritu Santo, florecerá en justicia y paz». 

—Philip Schaff, Creeds of Christendom, with a History and Critical notes. Volume I. The History of Creeds. § 51. Zwinglian Confessions. Trad. Romel Q. 

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