Martín Lutero sobre las 95 tesis

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La publicación de las 95 tesis fue ciertamente lo que disparó la carrera de Martín Lutero como reformador (sin él saberlo), pero en este tiempo Lutero no era aún el reformador protestante que todos conocemos. Él mismo se describe como «un papista» cuando publicó las famosas 95 tesis:

Pero, por encima de todo, ruego al lector sincero, y ruego por nuestro Señor Jesucristo, que lea estas cosas juiciosamente y con gran conmiseración. Que tenga en cuenta el hecho de que era un monje y un papista entusiasta cuando comencé esa causa. Estaba tan borracho, es decir, tan sumergido en los dogmas del papa, que habría estado dispuesto a asesinar a todos, si hubiera podido, o a cooperar voluntariamente con los asesinos de todos los que se desviaran incluso un poco de la obediencia al papa. Era un gran Saúl, como lo son muchos hasta hoy. No era un imbécil tan rígido en la defensa del papado como lo eran Eck y sus semejantes, quienes en realidad me parecía que defendían al papa más por su propio vientre que por tratar seriamente el asunto. De hecho, me parece que se ríen del papa hasta hoy (¡como epicúreos!). Pero yo abordé el asunto con toda seriedad, como alguien que temía el último día, pero que desde lo más profundo de su corazón quería ser salvo.

Así que, querido lector, usted descubrirá cuáles y cuántos asuntos importantes concedí modestamente al papa en mis escritos anteriores, que posteriormente y ahora sostengo y execro como las peores blasfemias y abominaciones. Usted, por lo tanto, sincero lector, atribuirá este error, o, como ellos calumnian, contradicción, al tiempo y mi inexperiencia. Al principio estaba completamente solo y, sin duda, era muy inepto y no estaba capacitado para dirigir tan grandes asuntos. Porque me metí en estas turbulencias por accidente y no por voluntad o intención. Invoco a Dios mismo como testigo.

Por lo tanto, cuando en el año 1517 se vendían indulgencias (quiero decir que se promocionaban) en estas regiones para obtener los beneficios más vergonzosos, yo era entonces un predicador, un joven doctor en teología, por así decirlo, y comencé a disuadir a la gente y a instarles a no escuchar los clamores de los vendedores ambulantes de indulgencias; y que tenían mejores cosas que hacer. Ciertamente pensé que, en este caso, tendría como protector al papa, en cuya confianza me apoyaba fuertemente, porque en sus decretos él condenó claramente la inmoderación de los quaestors (cuestores, funcionarios de ingresos), como él llamaba a los predicadores de indulgencias.

Luther’s Works, Vol. 34: Career of the Reformer IV, ed. Jaroslav Jan Pelikan, Hilton C. Oswald, and Helmut T. Lehmann, vol. 34 (Philadelphia: Fortress Press, 1999), 328–29. Trad. Romel Q.

Estudiante de teología (Universidad Católica de Oriente). Editor de Irenismo Reformado y Agustinismo Protestante. Miembro de la Iglesia Presbiteriana 'Gracia y Verdad' (Medellín, Col).

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