Introducción a las 95 tesis de Lutero

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Pocos documentos en la historia cristiana han sido tan icónicos como las 95 tesis de Martín Lutero; la denuncia resonante de las corrupciones de la iglesia medieval tardía que encendería la Reforma Protestante. Puede que Lutero no las haya clavado en la puerta de la iglesia en Wittenberg (es casi seguro que no las clavó como una leyenda posterior lo sugirió), pero su difusión el 31 de octubre de 1517 marcó un punto de inflexión no solo en la vida de Lutero, sino en la vida de toda la Iglesia Cristiana.

Sin embargo, el documento en sí mismo es un candidato improbable para jugar el papel de texto revolucionario o manifiesto protestante. Compuestas principalmente para una disputa académica sobre una práctica hace mucho olvidada y poco entendida, las tesis son un poco confusas para el lector moderno que busca eslóganes reformados familiares. De hecho, ninguno de los dos grandes principios de Lutero (la justificación solo por fe y la autoridad de solo la Escritura) se encuentran en estas páginas, a pesar de que el primero ya había empezado a influenciar el pensamiento de Lutero y sustenta varias de sus preocupaciones en las tesis.

Juzgadas por el estándar de las posteriores obras de Lutero (incluso sus escritos de dos o tres años después), las tesis son bastante conservadoras, y Lutero difícilmente esperaba que estas desataran una reconsideración a gran escala de la teología cristiana y una división de la iglesia. Lutero aquí estaba más interesado en purificar el sistema penitencial de la Iglesia Romana de los abusos obvios que en derrocarlo, y aún aceptaba muchas de las reclamaciones de autoridad del Papa. De hecho, en las tesis 80-90 dice que una de sus principales preocupaciones es defender el honor del Papa contra los ataques fáciles a los que los predicadores descuidados de indulgencias lo han expuesto.

Por otro lado, es fácil minimizar la importancia de las tesis. Después de todo, Lutero no era solo un monje cualquiera e intrascendente, como el Papa y sus consejeros trataron de verlo para despreciarlo. En este tiempo era uno de los líderes de mayor rango de la orden agustiniana en Alemania y un profesor cada vez más conocido en una de las principales universidades. Además, Lutero no compuso las tesis en un abrir y cerrar de ojos; él había estado por mucho tiempo luchando con el tema de las indulgencias y estaba muy consciente de que al atacar la práctica haría enemigos muy poderosos. Finalmente, aunque estas tesis eran normalmente compuestas solo para disputas académicas, Lutero parece haberlas publicado para que llegaran a una mayor audiencia. Como el erudito Timothy J. Wengert señala, las tesis están llenas de adornos retóricos que sugieren que Lutero quería alcanzar y persuadir muchos lectores educados, y algo muy inusual para estas tesis es que Lutero desde el inicio invitó académicos de toda Alemania para que respondieran por escrito a sus tesis. De hecho, parece que nunca antes hubo una disputa académica en Wittenberg como la que siguió a la publicación de estas tesis. Más sorprendente, Lutero dio el extraordinario paso de enviar las tesis al arzobispo Albrecht de Maguncia, la principal autoridad eclesiástica en Alemania, y lo exhortó con firmeza a detener a los predicadores de indulgencias.

Ahora, ¿quiénes eran estos predicadores de indulgencias y por qué Lutero estaba tan enojado con ellos? La respuesta se halla en la profunda corrupción de la iglesia medieval tardía y en el corazón a menudo malentendido de la protesta de Lutero.

La teología y práctica de las indulgencias había existido por siglos, aunque se había incrementado excesivamente en las décadas previas a 1517. En su raíz yacía una distinción medieval antigua entre culpa y castigo: aunque el arrepentimiento y la confesión de pecados a un sacerdote podían darle al creyente una absolución de la culpa y, por lo tanto, del fuego del infierno, el pecado aún demandaba algún tipo de castigo temporal. Parte de este castigo podía ser resuelto realizando acciones penitenciales prescritas por el sacerdote, pero la mayor parte se ejecutaría después de la muerte. En consecuencia, la iglesia medieval llegó a enseñar la doctrina del purgatorio, un lugar donde el fiel debe experimentar un tiempo (cientos o miles de años) de tormento purificador antes de poder entrar al cielo. Pero había buenas noticias. Por hacer ciertos actos santos, como participar en o ayudar una cruzada, los cristianos podían recibir una «indulgencia» del Papa, reduciendo su tiempo en el purgatorio o quizás incluso saltándoselo. Eventualmente, al ver en las indulgencias una inmensa fuente de ganancia, los papas siguientes comenzaron a ofrecerlas más por dinero que por buenas obras, y necesitando expandir el mercado para mantener el flujo de ganancias, empezaron a permitir que los fieles compraran indulgencias para sus parientes muertos que estaban en el purgatorio.

La campaña de indulgencias de Johann Tetzel, que dio lugar a la protesta de Lutero en 1517, fue una extraordinaria ilustración de la corrupción que resultó de mezclar tal poder espiritual absoluto con el rico poder terrenal de la iglesia medieval tardía. Aunque aparentemente una orden para financiar la construcción de la basílica de San Pedro en Roma, la mayor parte del dinero en realidad fue a parar en las arcas del arzobispo Albrecht de Maguncia. Albrecht lo necesitaba para pagar las inmensas deudas que había contraído con la familia bancaria Fugger a fin de comprarle al Papa la oficina eclesiástica más poderosa de Alemania a la edad de 23 años. Dado que los compradores de indulgencias más entusiastas eran los pobres analfabetos e ingenuos, la campaña de indulgencias de Tetzel constituyó una redistribución extraordinaria de la riqueza de los pobres hacia los ricos en la cristiandad.

Tal explotación de los pobres enfureció a Lutero, y en la tesis 45 condena a aquellos que, en lugar de ayudar al necesitado, como Cristo ordenó al verdadero penitente, gastan todo su dinero de sobra en las indulgencias. Fundamentalmente, a Lutero le preocupaba que las indulgencias fueran una forma de gracia barata; una manera en que las personas compraran falsa seguridad para sus almas sin enfrentar verdaderamente la profundidad de su pecado y arrepentirse de corazón. La distinción temprana entre culpa y castigo había sido difuminada, de modo que las indulgencias, en las mentes de las personas, se convirtieron (por promoción de vendedores como Tetzel) en un sustituto del verdadero arrepentimiento, comprando la libertad de la culpa y del castigo. Este punto es importante entenderlo, dada la frecuencia con la que el evangelio de «salvación solo por fe» de Lutero es malentendido. La preocupación de Lutero por la iglesia medieval tardía no era tanto que dificultara la salvación (por obras infinitas en lugar de la fe simple), sino que había hecho la salvación muy fácil (por obras o transacciones externas irreflexivas en lugar del arrepentimiento sincero, siendo crucificado con Cristo). El verdadero evangelio de Cristo, dijo Lutero, es más serio, aterrador y liberador que la economía espiritual que los papas habían creado para llenar sus bolsillos.

Publicado originalmente en The Davenant Institute. Traducido por Romel Quintero.

El Dr. Littlejohn (University of Edinburgh, Ph.D) es el editor de Political Theology Today, el editor general de The Mercersburg Theology Study Series y escribe regularmente en bradlittlejohn.com.

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