¿Quién fue Pedro Mártir Vermigli? (1499-1562)

4

El olvido de Pedro Mártir Vermigli (1499-1562) es particularmente curioso dado que en su vida no faltó drama. De hecho, se podría contar casi toda la historia de la Reforma a través de ella, comenzando con su trabajo secreto de reforma en el corazón de la Italia romanista, hasta que la inquisición lo ahuyentó, continuando en Zurich, el lugar de nacimiento de la tradición reformada, pasando luego a la ardiente comunidad cristiana de Martín Bucero en Estrasburgo, yendo a Oxford durante el reinado de Eduardo VI para poner los fundamentos de una iglesia reformada inglesa, regresando a Estrasburgo, y finalmente volviendo a Zurich (con un viaje al gran esfuerzo ecuménico de Caterina de Medici [el coloquio de Poissy] en el último año de su vida). Ninguna otra figura puede reclamar un rol tan central en moldear tanto la Iglesia de Inglaterra como la teología reformada continental.

Ciertamente, Juan Calvino pudo haber superado a sus contemporáneos en estilo literario, respirando un espíritu de rica piedad a través de sus tratados, y ofreciendo en su Institución un resumen de la doctrina reformada sin rival en su poder de concisión, pero es debatible si la suya fue en realidad la mayor mente protestante de su generación. Ese honor puede que pertenezca a Vermigli, de quien Calvino dijo: «La doctrina entera de la eucaristía fue coronada por Pedro Mártir, quien no dejó nada más que añadir». En cualquier caso, lo que es cierto es que Vermigli modeló mejor que cualquier teólogo protestante temprano la maravillosa simbiosis de saturación bíblica y claridad dialéctica que se evita hoy. Pocos hombres de su época estaban tan imbuidos de conocimiento de las lenguas bíblicas como Vermigli, y la vasta mayoría de su prodigioso producto consiste (como en Calvino) en comentarios sobre la Escritura. 

El lector de los comentarios de Vermigli quedará impresionado por su dominio del texto, su exegesis cuidadosa y la preocupación pastoral que lo guían. Pero probablemente se impresionará más por aquellas cualidades que rara vez se encuentran en los comentaristas bíblicos modernos: un dominio enciclopédico de la filosofía medieval y jurídica que permite a Vermigli (en digresiones de varias piezas llamadas scholia) trazar las distinciones cuidadosas necesarias para reconciliar las diversas enseñanzas escriturísticas y construir los elementos de una teología sistemática en el curso de su exegesis. Muchas de estas scholia fueron coleccionadas póstumamente en una obra masiva llamada Loci Communes, que fue una de las obras teológicas más leídas y citadas de la Inglaterra isabelina.

Algunas de las scholia más fascinantes, en las que Vermigli muestra su sentido agudo de la relación de la filosofía y la teología (revelación natural y especial) fueron publicadas en el volumen 4 de la Peter Martyr Library como Philosophical Works: On the Relation of Philosophy and Theology.

Otra obra, The Dialogue on the Two Natures of Christ, la última de Vermigli, es única entre su inmenso corpus por su forma. Aunque compuesta como una obra de teología polémica intraprotestante, Vermigli la presenta como un diálogo medido e incluso relativamente imparcial a fin de abordar irénicamente al teólogo luterano Johannes Brenz. Aunque la teología polémica del siglo XVI podría hacernos bostezar hoy en día, no hay pregunta tan central para nuestra vida cristiana como la doctrina de la encarnación de Cristo. ¿Qué significó para Cristo ser una persona en dos naturalezas, «sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación», en las palabras del Concilio de Calcedonia? Analizar correctamente esta difícil doctrina ha sido siempre un gran desafío, pero nunca tanto como en los debates acalorados que surgieron dentro del luteranismo en la década de 1550.  Buscando defender la explicación altamente realista de Lutero del cuerpo y la sangre de Cristo en la eucaristía en contra del lenguaje más simbólico de los reformados, el teólogo luterano Johannes Brenz elaboró una doctrina de la «ubicuidad» del cuerpo de Cristo, en la que la comunión de las dos naturalezas dio a la naturaleza humana propiedades divinas como la omnipresencia. Convencido de que tal doctrina amenazaba con alterar el balance doctrinal delicado que estaba en el corazón del credo cristiano, Vermigli tomó su pluma en el último año de su vida para escribir el Diálogo. En este, la extensión completa de sus poderes intelectuales—su atención exegética al texto bíblico, su conocimiento inmenso de los Padres de la Iglesia y la precisión dialéctica producto de su entrenamiento filosófico—se muestran claramente. El resultado fue uno de los clásicos permanentes de la cristología protestante, que merece ser ampliamente leído.

Publicado originalmente en The Davenant Institute. Traducido por Romel Quintero.

El Dr. Littlejohn (University of Edinburgh, Ph.D) es el editor de Political Theology Today, el editor general de The Mercersburg Theology Study Series y escribe regularmente en bradlittlejohn.com.

Related Posts

Leave a Reply

A %d blogueros les gusta esto: