¿Qué es el escolasticismo reformado?

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Pocas palabras en los círculos cristianos generan tantos malentendidos como la palabra «escolasticismo». Supuestamente, esta filosofía rígida, racionalista y aristotélica, conocida como «escolasticismo», se infiltró en la iglesia en varios puntos de la historia (i.e., con los medievales y posreformadores), y así la perspicuidad pura y bíblica de los Padres de la Iglesia y los Reformadores fue eclipsada. Si Calvino liberó a la iglesia de las cadenas del escolasticismo medieval (Lombardo, Aquino, Scoto), Beza y otros deshicieron todo el buen trabajo logrado por Calvino y los primeros Reformadores. Sin embargo, esto es un entendimiento vulgar de cómo ocurrieron las cosas. Esa idea estaba detrás de la historiografía «Calvino versus los calvinistas» que ahora ha sido definitivamente silenciada por los académicos en las últimas tres décadas.

Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que el «escolasticismo», cuando es definido apropiadamente, con todos sus matices históricos y contextuales, fue parte y parcela tanto de la Reforma como de la posreforma, hasta mediados del siglo XVIII, cuando empezó a perder su lugar en la teología, incluyendo la teología reformada. Su influencia y lugar en la Reforma, y más allá de ella, no podía ser de otra manera, y esto será evidente una vez que consideremos los centros de aprendizaje disponibles entonces para los Reformadores y sus sucesores.

En pocas palabras, la teología reformada no es solo teología reformada católica, o teología reformada confesional, sino también teología reformada escolástica. Incluso aquellos en la tradición reformada moderna que evitan el término «escolástico», probablemente no están conscientes de cuánto le deben al escolasticismo y de cuán escolástica (quizá involuntariamente) es su teología.

Escolasticismo

Scholasticus («escolar» en la cultura romana) significaba una «persona ilustrada» en la iglesia medieval. Pero la palabra «escolástico» y sus cognados tenían muchos significados en el tiempo de la Reforma. Usualmente el contexto ayuda a discernir la intención del autor cuando habla de un «escolástico».

Con frecuencia, las personas han entendido el escolasticismo en relación con el contenido, pero esto es erróneo. Por lo general, escolasticismo se refiere a un método particular. Puede que haya cierta verdad en el hecho de que el método impacta el contenido, pero generalmente el método no afecta el contenido, de otra manera los romanistas, los luteranos y los teólogos reformados hubiesen llegado a las mismas conclusiones, ya que básicamente adoptaron el mismo método en su teología escolástica durante los siglos XVI y XVII.

L.M. de Rijk entiende el escolasticismo como «un método aplicado en teología y filosofía, caracterizado por el uso (para instrucción e investigación) de un sistema recurrente de conceptos, distinciones, definiciones, análisis proposicionales, técnicas de razonamiento y disputa»1L.M. de Rijk, Middeleeuwse wijsbegeerte: Traditie en vernieuwing, 2nd ed. (Assen: Van Corcum, 1988), 111. Traducción de la cita del holandés por Dolfe Te Velde.. A nivel micro, el escolasticismo incluye «los conceptos, las distinciones y los métodos de razonamiento usados para tratar un tema particular»2Willem J. van Asselt, Introduction to Reformed Scholasticism (Grand Rapids: RHB, 2011), 99.. Así, haciendo uso de conceptos aristotélicos, los escolásticos hicieron uso de distinciones como acto y potencia. También hicieron uso de la lógica, incluyendo el famoso uso del silogismo. Los términos de las eras patrísticas y medievales fueron heredados por los Reformadores protestantes y escolásticos. Estos términos eran la moneda de curso legal en la discusión y el debate teológico, aunque ciertamente no estaban escritos en piedra. En la medida en que la dinámica del debate teológico cambió en el siglo XVI, es justo decir que la teología escolástica se volvió más dominante como resultado de fenómenos como la contra-reforma, liderada por el cardenal romanista Roberto Belarmino (1542–1621), y la creciente influencia del socinianismo y otros errores o herejías.

Como Willem van Asselt señala: «Casi cada teólogo reformado destacable escribió una refutación a Belarmino, de las cuales la Bellarminus enervates (1626) de William Ames se convirtió en una de las más conocidas. El ataque de Belarmino era escolástico en su naturaleza, y para contraatacar a Belarmino y otros polemistas romanistas, era necesario hacer uso del mismo sistema escolástico»3ibid, 109. Por supuesto, los reformados pudieron haber adoptado un biblicismo simple, exclamando: «Solo estamos dejando que la Biblia hable por sí misma», pero eso no hubiese convencido a nadie, ¡aunque quizá los socinianos se hubiesen impresionado por tener tales aliados en método!

El periodo del escolasticismo reformado

El escolasticismo reformado se refiere al periodo de ortodoxia de 1560–1750. Dentro de este periodo tenemos: 1) la ortodoxia temprana (ca. 1560–1620); 2) la alta ortodoxia (ca. 1620–1700), y 3) la ortodoxia tardía (ca. 1700–1750). Por supuesto, estas fechas no deben restringirse tanto como para que no quede espacio. Pero estas fechas nos muestran épocas que reflejan el clima cambiante del discurso teológico a causa de los increíbles eventos precipitados por la Reforma.

En el periodo de ortodoxia temprana los reformados estaban de forma general en un periodo de confesionalización y codificación. La unidad era lo más importante en las mentes de los Reformadores y sus sucesores. En la medida en que se establecían iglesias protestantes, los documentos confesionales eran una manera de establecer la unidad. Los teólogos reformados escribieron comentarios sobre los credos ecuménicos, tales como el credo apostólico, intentando probar así su catolicidad. Los documentos confesionales como la Confesión Galicana (1559), la Confesión Belga (1561) y el Catecismo de Heidelberg (1563) fueron solo unas pocas de miles de confesiones escritas en el periodo de la ortodoxia temprana.

Los ataques romanistas a las afirmaciones de los Reformadores presionaban a las iglesias protestantes, por lo que las respuestas de los Reformadores debían ser bien elaboradas. Como resultado, los escolásticos reformados probaron en sus escritos que eran expertos en los Padres de la Iglesia,  que tenían un conocimiento enciclopédico de la teología medieval y que podían hacer exégesis de las Escrituras de acuerdo con los principios sanos de interpretación. Calvino ciertamente tenía una formidable memoria, pero incluso él podía citar mal a los Padres de vez en cuando. Los entendimientos de los Reformadores no fueron rechazados o reemplazados, pero los escolásticos reformados desarrollaron su teología con más precisión al adoptar el vocabulario filosófico de sus predecesores, desde la iglesia patrística en adelante. Las confesiones de esta época son confesiones católicas, pero distintivamente reformadas en la medida en que revelan la brecha existente, no solo entre reformados y romanistas, sino también entre reformados y luteranos. Esto fue algo que Calvino trató de evitar, pero eventualmente la brecha nunca iba a cerrarse entre estos dos principales grupos protestantes.

La alta ortodoxia ocurre durante el tiempo del Sínodo de Dort (1618–19). Dort es el primer y únicamente verdadero sínodo internacional. Este documento confesional también resalta otra brecha dentro del protestantismo: las diferencias crecientes entre los remonstrantes («arminianos») y los teólogos reformados ortodoxos, conocidos en este contexto como los contraremonstrantes. Después de Dort, en lugar de una oleada continua de documentos confesionales (sin embargo, obsérvese el contexto británico que involucraba a los divinos de Westminster en la década de 1640), vemos un número creciente de obras dogmáticas comprehensivas, «en las que los resultados de la exégesis, las formulaciones dogmáticas, los elementos polémicos y las exposiciones de las implicaciones prácticas de la doctrina fueron combinados en un imponente cuerpo. El escolasticismo de la alta ortodoxia estuvo caracterizado por la precisión creciente en su sistema teológico»4ibid, 133.

Dort rechazó los puntos de contención de los remonstrantes, pero la controversia no había terminado. La posición confesional de Dort debía ser defendida en medio de la arremetida «arminiana» continua, como también ante la prominencia creciente de sus primos cercanos los socinianos. Así las posiciones reformadas complejas y elaboradas fueron sistematizadas por Francisco Turretini, Petrus van Mastricht y Gisbertus Voetius (entre otros). Siguiendo los pasos de Amandus Polanus, que escribió su justamente famosa Syntagma theologiae christianae (1609), estos teólogos escribieron sistemas de divinidad que influenciarían a los teólogos reformados hasta nuestros días. Su método era el escolástico, lo cual significa que hoy estamos en deuda con estos escolásticos reformados por su trabajo en el periodo de la alta ortodoxia. Cualquier lector que posea las obras de Charles Hodge o Louis Berkhof tiene en su posesión un texto escolástico reformado, incluso si los tratamientos de Hodge y Berkhof son considerablemente menos doctos que los de los teólogos mencionados antes.

La ortodoxia tardía vio la aclaración del buen trabajo que había sido logrado por los teólogos reformados. ¿Por qué? En parte, el método del escolasticismo, que discutiremos con más detalle en un momento, se quedó a medio camino; pero también un conjunto de ideas filosóficas (cartesianismo, leibnizianismo, wolffianismo y el pensamiento ilustrado) fueron unidas con el pensamiento reformado. Las academias de aprendizaje también experimentaron un cambio en su acercamiento a la teología. La ilustración trajo consigo cambios en las tendencias teológicas y filosóficas, y bastiones de la ortodoxia reformada rápidamente se convirtieron en bastiones de la herejía.

El contexto del escolasticismo reformado

La teología reformada debe mucho a los centros de educación que fueron los responsables de entrenar teólogos. Como Muller señala: «Buena parte de la razón para el desarrollo de la ortodoxia reformada escolástica debe encontrarse en la cultura intelectual de las universidades y academias protestantes»5PRRD,1:34.. En este contexto educacional encontramos un fenómeno complementario (y no opuesto): el humanismo. Como Dolf TeVelde explica: «Los movimientos aparentemente opuestos conocidos como ‘humanismo’ y ‘escolasticismo’ bebían de las mismas fuentes y enfrentaban las mismas preguntas metodológicas y sustanciales, dándoles mucho piso en común»6“Reformed Theology of Scholasticism” en … 223.

Si el término «escolasticismo» tiene un rango de significados, «humanismo» también traiciona una definición estricta. Lugar y tiempo son altamente determinativos del tipo de humanismo que emergió en ciertas partes de Europa. El término «humanista» emergió en el siglo XV, describiendo a alguien que practicaba las humanidades (umanista). Tal persona estudiaba gramática, retórica, poesía, historia y ética. El entrenamiento humanista incluía el estudio rigoroso del latín y a menudo del griego clásico. El latín era el lenguaje de los educados, no de los «bárbaros». El conocimiento del latín abre un mundo completo de teología que la mayoría de los pastores reformados hoy no conocen. La facilidad con que algunos grado académicos son otorgados hoy sería una obscenidad en el siglo XVII.

El humanismo que influenció a los reformadores, como Calvino, fue el de Europa del Norte. Según van Asselt: «El humanismo del norte de Europa iba de la mano con la Reforma temprana, y, mostrando interés por los escritores de la antigüedad clásica, intentó establecer una conexión entre  el estudio de los clásicos y la Biblia»7Introduction to Reformed Scholasticism, 76..

Los académicos en el pasado han intentado hacer del escolasticismo y el humanismo enemigos, no amigos: Calvino el humanista versus Beza el escolástico. Sin embargo, el humanismo cristiano no es del todo un enemigo de los métodos medievales escolásticos. Estos coexistieron pacíficamente en muchas universidades durante la era de la Reforma. Ciertamente, la habilidad de usar correctamente el lenguaje (i.e., latín y griego clásico) ayudaría a los escolásticos reformados, de los cuales algunos se reunían para tomar un café y discutir teología en griego clásico en lugar de su lengua nativa (e.g., holandés), o en latín (su segunda lengua).

No solo las universidades, sino también las academias reformadas, fueron tierras fértiles del escolasticismo reformado. Los estudiantes a menudo viajaban para encontrar los mejores profesores en estas academias. Quizá la academia más conocida fue la de Ginebra, donde Beza enseñó. Caspar Olevianus, Franciscus Junius y Jacobus Arminius asistieron a la academia en Ginebra y recibieron una educación escolástica reformada completa. Los últimos dos terminaron en la universidad de Leiden, con Arminio agradando a sus examinadores reformados en tópicos como el pactum salutis. Para el tiempo de la muerte de Calvino, alrededor de trescientos estudiantes estaban registrados en la academia de Ginebra, siendo el ochenta por ciento de ellos de otros lugares fuera de Ginebra8ibid, 112. Otras academias reformadas fueron establecidas en Alemania, Inglaterra, Escocia, Francia y los Países Bajos. Dado que la mayoría de las obras teológicas de la época fueron escritas en latín, hoy somos ampliamente ignorantes de la impresionante erudición que salió de estas academias.

Método

A medida que la teología reformada se desarrollaba, la atención creciente fue dada al método. A fin de hacer buena y clara teología, una cierta metodología fue usada para dar coherencia a los distintivos reformados. Naturalmente, hay un eclecticismo en cuanto al método entre los teólogos reformados. Todos los teólogos reformados, en su búsqueda de la verdad, desarrollaron su teología basándose en las Escrituras. Pero no tenían temor de aceptar elementos de la amplia tradición filosófica (tanto cristiana como pagana), si esas herramientas filosóficas podían ayudarlos a declarar y argumentar mejor la verdad.

La última edición de Melanchthon de su Loci Communes nos ofrece una mirada de la metodología que sería usada por los escolásticos reformados en sus obras extensivas de teología. El orden según el método locus fue abrazado por la mayoría de los teólogos reformados, el cual, a menudo, empezaba con las Escrituras para luego pasar a Dios, la Trinidad, etc. Bajo cada loci el autor frecuentemente argumentaría contra sus oponentes (e.g., los anabautistas, romanistas, socinianos) a fin de presentar la verdad.

Además del método loci, los escolásticos reformados también hicieron uso de la disputa. Pero incluso las disputas a menudo eran arregladas como los diversos loci. Los estudiantes disputaban sobre teología de acuerdo con un conjunto de tesis, a menudo preparadas por el profesor para que un estudiante las defendiese contra los ataques de sus oponentes. Las preguntas y los tópicos aristotélicos eran frecuentemente usados para ordenar la disputa (la técnica quaestio). Estas son las preguntas que estructuraban las diversas disputas teológicas:

  1. ¿Qué significa el término?
  2. ¿Existe el objeto?
  3. ¿Qué es?
  4. ¿Cuáles son sus partes?
  5. ¿Cuáles aspectos específicos pueden ser discernidos?
  6. ¿Cuáles son las causas del objeto?
  7. ¿Cuáles efectos o consecuencias se siguen de ello?
  8. ¿Con qué otras entidades se relaciona?
  9. ¿Cuáles cosas se oponen o lo contradicen?9Preguntas tomadas de la introducción de Dolf Te Velde a Synopsis Purioris Theologiae, Latin Text and English Translation, Volume 1/Disputations 1-23 editado por Dolf te Velde, et al. (Leiden: Brill, 2014), 5.

Tanto el método loci como el método de disputa incorporaban estos tipos de preguntas. Como Dolf Te Velde deja claro en su introducción a la obra Synopsis Purioris Theologiae de Johannes Polyander (1568-1646):

Estos géneros comparten características importantes: una clara demarcación del tópico en discusión; agudeza en las definiciones; un tratamiento comprehensivo de aspectos relevantes por medio de una estructura de tópicos; uso frecuente de distinciones, en parte para anticipar un tratamiento de los diversos elementos de un tema, en parte para resolver las dificultades que están implícitas en la declaración inicial e indiferenciada; declaraciones explícitas de pruebas y argumentos que respaldan la posición propia, y una refutación correspondiente de contra-argumentos10“Introduction,” 4..

Además, las cuatro «causas» (tomadas de Aristóteles) fueron una parte integral para aclarar muchas preguntas teológicas espinosas. Las causas eficiente, formal, material y final ayudan a explicar, por ejemplo, cómo y por qué Dios hace lo que hace.

Distinciones

Un sello distintivo del escolasticismo reformado es el uso de distinciones. Los reformados heredaron este método de hacer teología de los medievales. Los teólogos romanistas, luteranos y remonstrantes también usaron distinciones para exponer su propia teología. Las palabras y los términos ambiguos a menudo se encuentran en el discurso teológico, por lo que se necesita el uso de distinciones para aclarar precisamente lo que se quiere decir.

Sinclair Ferguson hace un buen punto en su libro The Trinitarian Devotion of John Owen (p. 47) con respecto a la utilidad de las distinciones:

‘Escolástico’ es a menudo usado como un insulto teológico para introducir una sospecha. Aun así, las personas que usan el término de esta manera algunas veces son las mismas personas que se molestan si alguien se refiere a una ‘bola rápida’ como una ‘curva rápida’ (en béisbol) o si se confunde un ‘eagle’ con un ‘doble bogey’ (en golf), o si se describe a alguien que vive en las Carolinas como un ‘Yankee’, o a un escocés como un ‘inglés’. ¿No son estas simples distinciones escolásticas? La respuesta es obvia. El entendimiento correcto siempre involucra hacer distinciones correctas.

Durante el periodo moderno temprano, los estudiantes teológicos eran entrenados para hacer buenas y apropiadas distinciones. Idealmente, las distinciones debían ayudar, no entorpecer, la exégesis. Así, por ejemplo, considere la distinción entre el poder absoluto de Dios (de potentia absoluta Dei) y el poder ordenado de Dios (de potentia ordinata Dei). El poder absoluto de Dios es ese poder para hacer aquello que no necesariamente llevará a cabo (i.e., convertir una piedra en pan). Su poder ordenado involucra su decreto para hacer aquello que ha ordenado que ocurra. De forma simple, lo que Dios puede hacer no es sinónimo de lo que Dios ha decidido hacer.

Esta distinción parecer tener un respaldo bíblico fuerte. Aquí un ejemplo del poder absoluto de Dios: «…y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras» (Mt. 3:9).

En otro lugar, Cristo une el poder absoluto de Dios con su poder ordenado: «¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?» (Mt. 26:53-54).

Dios podía enviar más de doce legiones de ángeles para rescatar a Cristo de Su pasión, pero de acuerdo con su poder ordenado, no lo hizo.

Una pista de esta doctrina puede ser incluso encontrada en la tentación de Cristo. Satanás tentó a Jesús para que convirtiera las piedras en pan a fin de probar que era Hijo de Dios. Pero Jesús (que pudo haberlo hecho de acuerdo con su poder) no lo hizo porque las Escrituras regían su vida, no el diablo ni lo que Él mismo podía hacer (Mt. 4:3-4).

En el campo de la justificación, debe conocerse la causa formal, material e instrumental11Deben conocerse las siguientes frases: justificatio activa et passiva habitus et actus fidei (La distinción acto/hábito es prácticamente el mismo concepto de la distinción acto/poder. Dios concede el poder, pero nosotros realizamos el acto). Unio mystica et unio foederalis justificatio ante fidem et post fidem impetratio et applicatio justificatio a priori et a posteriori justificatio in foro dei et in foro conscientiae. “…in quâ vitæ æternæ jus, sub prima periodo collatum, & sub secundà continuatum, ad possessionem etiam promovetur: hîc bonorum operum non tantum prasentia requiritur; sed etiam qualiscunque efficacia, quatenus saltem Deus possessionem vitae aeternae, cujus jus solo dudum obtinemus Christi merito, non vult conferre, nisi, praeter fidem, praeviis bonis operibus Heb. xii. 14. Matth. vii. 21. & xxv. 34–36. Rom. ii. 7, 10.” Peter van Mastricht, Theoretico-practica theologia, qua, per singula capita Theologica, pars exegetica, dogmatica, elenchtica & practica, perpetua successione conjugantur… (Amsterdam, 1724), 704–5..

Debe conocerse la diferencia entre aestimatio y secundum veritatem, ya que estaban en el corazón del debate entre los remonstrantes y los reformados con respecto a la doctrina de la justificación por la fe. Arminio hizo uso de un concepto conocido como acceptilatio. La fe imperfecta es aceptada (por la estimación misericordiosa de Dios) como justicia. O, para ponerlo de otra manera, el acto humano de la fe es por gracia contado como justicia evangélica, como si fuese el cumplimiento entero de la ley. Este acto humano genuino viene de la habilidad de escoger (liberum arbitrium). Dios tiene una «nueva ley» en el pacto evangélico en la que la fe satisface las demandas del pacto. En cuanto a la «causa formal» había una diferencia importante entre los dos campos. Como se dijo, para los arminianos, la imputación es aestimatio: Dios considera nuestra justicia (i.e., el acto de fe) como algo que no es (i.e., perfecta). Sin embargo, los reformados vieron la imputación como secundum veritatem: Dios considera la justicia de Cristo como nuestra justicia, precisamente porque lo es a través de la unión con Cristo. El veredicto que Dios hace sobre su Hijo es precisamente el veredicto que hace sobre aquellos que pertenecen a Cristo, pero solo a través de la imputación. Este debate muestra que ambos lados podían usar categorías escolásticas, pero finalmente la exégesis era la que los llevaba a diferentes posiciones.

En el siglo XVII, muchos divinos reformados usaban la distinción entre el derecho versus la posesión de la vida para explicar la necesidad de las buenas obras para la salvación, mientras también protegían la gracia de la salvación solo por Cristo. Petrus van Mastricht usa esta distinción de la siguiente manera: «Dios, cuya ley cumplimos ahora por el solo mérito de Cristo, no quiere otorgar la posesión de la vida eterna a menos que haya fe y buenas obras previamente realizadas. Ya recibimos el derecho a la vida eterna por el solo mérito de Cristo. Pero Dios no quiere otorgar la posesión de la vida eterna a menos que haya, junto con la fe, buenas obras que precedan a esta posesión (He. 12:14; Mt. 7:21; 25:34-36; Ro. 2:7, 10)»12Véase Ian Hewitson, Trust and Obey: Norman Shepherd and The Justification Controversy at Westminster Theological Seminary (Minneapolis: NextStep Resources, 2011); W. Stanford Reid, An Evangelical Calvinist en The Academy Mcgill-Queen’s Studies in the History of Religion (Toronto: McGill-Queen’s University Press, November 2004). Works, 10:459..

Una conciencia de estas distinciones (algo perdido para la iglesia reformada del siglo XX) pudo haber resuelto muchos problemas modernos que surgieron debido a la imprecisión en las formulaciones doctrinales sobre el asunto de la justificación13Works, 10:459.. El escolasticismo no fue el problema, pero bien pudo haber sido la solución.

En términos de la expiación, además de entender la distinción eficacia-suficiencia, un estudiante de teología debería idealmente saber la diferencia entre acceptatio y acceptilatio, y la diferencia entre los medios de impetración (medium impetrationis) y de aplicación (medium applicationis).

La muerte de Cristo fue una obra de impetración que puede ser entendida como una causa física o una causa moral. De acuerdo con John Owen: «Las causas físicas producen sus efectos inmediatamente», y el sujeto debe existir para que se actúe en su favor. Las causas morales «nunca obran inmediatamente sus efectos»14Véase Franciscus Suarez, Disputationes Metaphysicae, 17.2.6. Ed. C. Berton, Opera Omnia Suaresi XXV. (Paris: L. Vives, 1861), 585.. La muerte de Cristo fue una causa moral, no una causa física. Así, aquellos por los que murió no necesitaban estar vivos en el tiempo de Su muerte para recibir los beneficios de Su sacrificio vicario. Las causas físicas no requieren actos humanos, pero las causas morales sí. Incidentalmente, la distinción usada por Owen no era suya, sino que había sido mencionada antes por el jesuita Suarez (1548–1617)15Scholastic Discourse: Johannes Maccovius (1588–1644) on Theological and Philosophical Distinctions and Rules (Apeldoorn: Instituut voor Reformatieonderzoek, 2009), 181-83..  

Las distinciones teológicas también nos ayudan en nuestra doctrina del pecado. Así Maccovius argumenta:

  1. El pecado es original o actual. El pecado original, que proviene de Adán, es el pecado en el que y con el que nacemos, y que comienza en el momento en que nos convertimos humanos.
  2. El pecado original es imputado y heredado. Nos fue imputado como si lo hubiésemos cometido. El pecado heredado es la depravación de nuestra naturaleza, y, por consiguiente, una inclinación a todo lo que es malo.
  1. La imputación es un acto moral, no un acto físico.

No es necesario que la persona exista, sino solo que la persona existirá.

Además, puede hacerse una distinción entre el pecado cometido por debilidad y el pecado cometido por deseo puro. Solo los cristianos pueden pecar por debilidad.

El pecado de los verdaderos creyentes es más serio que el de los incrédulos.

  1. Porque tenemos mayor conocimiento 
  2. Porque tenemos el poder de resistir

El pecado de los incrédulos es más serio que el de los creyentes.

  1. Porque corren al pecado con deseo, mientras que los creyentes con una voluntad quebrantada.
  2. Los fieles sienten tristeza (arrepentimiento) por sus pecados cometidos, mientras que los incrédulos no (solo por las consecuencias).

Los escolásticos reformados como Maccovius estaban claramente en deuda con la tradición tomista. Pero no tenían miedo de criticar las distinciones medievales en la medida en que buscaban establecer la doctrina reformada. Algunas veces, como en el caso de Maccovius, él simplemente llamaba a cierta distinción «completamente inútil». Esta construcción ecléctica muestra que los teólogos reformados deben interaccionar críticamente con la tradición, incluso si dependen fuertemente de ella. Incluso Calvino fue criticado en los escritos de los posteriores reformados escolásticos-ortodoxos, aunque a menudo con un tono de reverencia y respeto por él, mientras se explicaba cómo y por qué estaba equivocado o fue impreciso.

Conclusión

El escolasticismo reformado ha sido un gran regalo para la iglesia que ha sido largamente despreciado o ignorado en nuestra era presente. Aquellos que quieren abrazar la teología reformada necesitan conocer nuestra historia reformada. Leer la Institución de Calvino es un buen comienzo, pero es solo eso: un comienzo. Pero un conocimiento breve del escolasticismo, que este articulo apenas logra resumir, nos ayudará a evitar los prejuicios erróneos contra el escolasticismo reformado.

Karl Barth una vez dijo (irónicamente): «El miedo al escolasticismo es la marca de un falso profeta» (Church Dogmatics I/1. 279). Ciertamente. Al menos el miedo al escolasticismo podría sugerir cierta familiaridad con este; pero la ignorancia es mucho peor, especialmente cuando este forma buena parte de nuestra herencia reformada.

Publicado originalmente en The Calvinist International. Traducido por Romel Quintero.

El pastor y Dr. Mark Jones (PhD, Leiden Universiteit) ha sido el ministro en Faith Vancouver desde 2007. Es también investigador asociado en la facultad de teología en University of the Free State, Bloemfontein, Sudáfrica. El Dr. Jones es el autor de varios libros, incluyendo su libro más reciente, Knowing Christ.

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