¿Los arminianos son herejes?

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¿Es la fe nuestra justicia?

No, la fe es el único instrumento por el que Dios misericordiosamente nos imputa la justicia de Cristo.

¿Dónde delimitamos la línea de herejía?

En mi reciente libro Faith.Hope.Love, dedico una sección a afirmar la doctrina reformada de la justificación por la fe en contra de la doctrina arminiana de la justificación por la fe. No muchos, hasta donde sé, han escrito (a nivel popular) sobre esta diferencia, tal como se debatió históricamente. Si hay libros recientes en los que se discute este debate, estaría especialmente interesado.

Para comprender el debate entre los teólogos reformados y sus oponentes los remonstrantes (arminianos), hay que tener una comprensión bastante sólida del pensamiento escotista. De hecho, se necesita entender cómo las frases escotistas se pueden usar de diferentes maneras con diferentes significados en diferentes contextos. La teología medieval y los términos que surgieron en ese período son esenciales para comprender el pensamiento de los reformadores y los teólogos de la posreforma. Por ejemplo, considere los términos acceptatio y acceptilatio, que fueron utilizados por el propio Escoto, pero que tienen su base en la ley romana. Los reformados usualmente aceptaban un aspecto de acceptatio (entendido apropiadamente), pero negaban el otro aspecto. Grocio, en su ataque a Socino, hizo uso de acceptatio, pero tuvo que lidiar con las críticas reformadas hacia su punto de vista; lo acusaron de introducir una forma de acceptilatio en su doctrina de la satisfacción de Cristo. También fue acusado de un arminianismo incipiente, ya que los teólogos reformados pensaban que su punto de vista sobre la expiación estaba más en línea con  acceptilatio que acceptatio (por supuesto, mucho se centraba en la definición de los términos; y quien define los términos puede ganar el debate).

Los teólogos reformados generalmente creían que el pago de Cristo debía ser equivalente a lo que merecen nuestros sufrimientos. Por lo tanto, hay un «castigo exacto» y, por consiguiente, una aceptación graciosa de Dios («Los frutos de la muerte de Cristo son cuestiones de mérito, fundamentados en la aceptación graciosa de Dios, y estimados como deudas. Aquel por quien se paga un rescate tiene derecho a su libertad en virtud de ese pago»– Owen). Dios da valor a un acto (e.g., la muerte de Cristo), que no es diferente al valor intrínseco del acto. Grocio no creyó esto, y por ello fue criticado por sostener acceptilatio, ya que creía que un pago parcial es suficiente en lugar de un pago completo. Por supuesto, Grocio negó que esto era lo que implicaba su punto de vista, pero no todos los teólogos reformados le creyeron.

Para la mayoría de los reformados, la muerte sustitutiva de Cristo tiene un valor intrínseco, por lo que el valor está en la muerte; no solo el valor que Dios determina aceptar libremente como suficiente. Así que, solo porque acceptatio sea usado por los reformados, no significa que estén usando el término con un entendimiento escotista. Los investigadores continúan cometiendo este error, y yo los señalaría por nombres pero uno o dos son amigos míos.

Típicamente, acceptilatio se ha entendido como un pago ficticio (solutio imaginaria), o, teológicamente, como la aceptación graciosa de Dios por algo ofrecido que no es equivalente al valor intrínseco del acto ofrecido a Dios. Acceptilatio como «pago parcial» significa que Dios podría estar satisfecho con un pago que no es completo (i.e., nuestra «obediencia sincera» en la santificación). Alister McGrath afirma, en su poco confiable libro Iustitia Dei (p. 239), que los protestantes generalmente sostuvieron acceptilatio en su doctrina de la justificación; pero esto es incorrecto. Creo que puede ser más exacto sugerir que acceptilatio estaba reservado para la santificación, no para la justificación. Si discutimos la justificación, es crucial seguir con acceptatio y no acceptilatio, ¡de lo contrario nos convertiremos en arminianos!

Un escotista podría argumentar que podemos producir un acto imperfecto (i.e., el amor), el cual puede merecer la vida eterna debido a la aceptación de Dios. Sin embargo, para los reformados, nuestro acto de fe no cumple la función de merecer nuestra salvación. Más bien, hay en la justificación un acto divino de acceptatio, pero no con respecto a nuestra fe, sino con respecto a nuestra persona.

Incidentalmente, cuando discutimos «cuántas obras son necesarias para la salvación», es importante notar que en el ámbito de acceptatio, solo la completa obediencia de Cristo de la ley será suficiente, debido al valor intrínseco de Su cumplimiento de la ley ante la justicia de Dios. Si estamos hablando de acceptilatio, entonces debemos movernos hacia el ámbito de la santificación, donde podemos hablar de la «obediencia sincera» como suficiente para andar en el camino hacia la glorificación (recordando que solo el mérito de Cristo tiene el valor suficiente para otorgarnos el derecho al cielo).

La justificación arminiana

Franciscus Gomarus hizo la siguiente afirmación: «…no la doctrina de la predestinación, sino la de la justificación, se convirtió en el punto cardinal en el que Arminio se desvió de la doctrina reformada». Del mismo modo, Herman Witsius dice: «Es bien sabido que las iglesias reformadas condenaron a Arminio y sus seguidores por decir que la fe es considerada en la cuestión de la justificación una obra o un acto nuestro».

Entonces, ¿Arminio no es ortodoxo en cuanto a la justificación? Bueno, ¡decida por usted mismo! Yo creo que no es ortodoxo, si se lo juzga de acuerdo con los estándares reformados; pero si es herético, es otra pregunta, y no creo que sea fácil responderla.

Como señalo en Faith.Hope.Love, para Arminio, debido a la estimación misericordiosa de Dios, nuestra fe se acredita como nuestra justicia. La justicia de Cristo no se imputa a los creyentes, según, al menos, el Arminio posterior. Él no creía que la justicia de Cristo pudiera ser imputada. Al discutir la justificación, Arminio hizo uso del término latino acceptilatio, que significa una «liberación formal de una obligación». La fe imperfecta, entonces, es aceptada por la estimación misericordiosa de Dios como justicia. O, para decirlo de otra manera, el acto humano de la fe es por gracia contado como justicia evangélica; como si fuera el cumplimiento pleno de toda la ley (aunque no lo sea). Este acto humano y genuino surge de la habilidad de elegir (Faith.Hope. Love, p. 52).

Según Arminio, nuestro acto imperfecto de fe es aceptado por Dios, y por eso merecemos la vida eterna.

Esto es una desviación de la teología reformada de la siguiente manera:

[Para el arminiano], debido a que el acto de fe constituye la justicia, Dios declara que un pecador es justificado, no por la justicia imputada de Cristo y recibida por la fe, sino por la fe que se cuenta como justicia. El fundamento de la justificación es mi fe, no la justicia de Cristo. Sin embargo, como argumenta correctamente Bavinck: «La fe nunca ocurre como justicia en sí misma o como parte de ella (…) La fe no justifica por su propia esencia o acto porque en sí misma sea justicia, sino por su contenido; porque es fe en Cristo, quien es nuestra justicia». De hecho, ¿cuál sería el punto de Cristo como el objeto de la fe si la fe misma fuese nuestra justicia?

De lo que dice el arminiano Petrus Bertius podríamos concluir que los reformados y remonstrantes parecían estar de acuerdo en la imputación como la causa formal (i.e., la estructura) de la justificación, pero que diferían en la causa material (i.e., lo que se imputa). ¿Qué se imputa al creyente: nuestro acto de fe o la justicia de Cristo aprehendida por la fe? Los reformados sostuvieron lo último, mientras que, como señalé anteriormente, los arminianos solían sostener lo primero. Pero incluso en la llamada causa formal había una diferencia importante entre los dos campos. Basado en lo que he dicho anteriormente, la imputación para los arminianos es una aestimatio (estimación): Dios estima nuestra justicia (i.e., la fe) como algo que no es (i.e., perfecta). Sin embargo, los reformados ven la imputación como secundum veritatem («según la verdad»): Dios considera la justicia de Cristo como nuestra, precisamente porque es nuestra a través de la unión con Él. El veredicto que Dios hace sobre Su Hijo es precisamente el mismo que hace sobre aquellos que le pertenecen (los «justos»), pero solo a través de la imputación (Faith.Hope.Love, p. 53).

¿Herejía o error?

Cuando hablamos sobre la justificación por la fe, especialmente en los círculos reformados, y cuando las personas parlotean cosas como «otro evangelio», «herejía», «neonomismo», «shepherdita», etc., debemos recordar que no hay una doctrina uniforme de la justificación en la cristiandad. Esto no significa que no hay una doctrina correcta de la justificación, pero debemos ser conscientes de que la típica postura reformada es en realidad la postura minoritaria.

Por esa razón, debemos tener en cuenta las siguientes observaciones:

  1. Cuando etiquetamos un punto de vista particular como «otro evangelio», estamos haciendo una acusación de herejía y, por lo general, los herejes voluntariosos (que enseñan obstinadamente su doctrina) no van a un buen lugar. De ahí el «anatema» de Pablo.
  2. Si algunos reformados niegan la imputación de la obediencia activa de Cristo (como Richard Vines, Thomas Gataker y William Twisse), ¿son ellos tan «malos» como Arminio? (por supuesto que no).
  3. Aquellos de nosotros que sostenemos el punto de vista reformado descrito anteriormente (i.e., que realmente poseemos la justicia de Cristo a través de la imputación y, por lo tanto, que Dios acepta nuestra persona), debemos recordar que la gran mayoría de los cristianos no lo comparten. Por lo tanto, debemos enseñar las glorias de esta doctrina mostrando cómo es una mejor explicación que otras opiniones sobre la justificación.
  4. Estos temas son complejos. ‘Twittear’ sobre estos temas es realmente tonto. Cuestionar la ortodoxia de alguien en 140 caracteres debería evitarse. La insinuación de que alguien no es ortodoxo debe estar en uno de los puntos más bajos del discurso teológico.
  5. Debemos recordar que no somos justificados por creer en la doctrina completamente reformada de la justificación solo por fe. Somos justificados al confiar solo en Cristo. Me gusta cómo la PCA pregunta a los nuevos miembros lo siguiente: «¿Crees en el Señor Jesucristo como el Hijo de Dios y el Salvador de los pecadores, y recibes y confías solo en Él para salvación, tal como se te ofrece en el evangelio?» (creo que un arminiano podría responder que sí y, por lo tanto, ser un miembro de buena reputación en una iglesia PCA).
  6.  Aquellos que tienen muy poca experiencia eclesiástica; que no tienen una formación teológica formal, y que no tienen publicaciones académicas sobre los temas que hablan en internet, deberían retraerse de escribir de una manera que insinúen o incluso explícitamente afirmen que alguien es hereje. Dado que estos temas son tan complejos, este tipo de cosas deben dejarse en manos de los tribunales eclesiásticos, los teólogos establecidos y los pastores que rinden cuentas por las acusaciones que hacen. No estoy en contra de los blogs de amateurs (aficionados), pero estoy en contra de que los amateurs escriban sin la prudencia adecuada (es decir, algunos de nosotros hemos tenido que pasar por extensos exámenes de otros ministros; hemos tenido que ser examinados por colegas, y hemos aprobado cursos rigurosos de estudios en nuestro campo. Pienso que debería haber un poco de respeto por el proceso y orden de la iglesia).
  7. Aquellos que especialmente les gusta identificar a las personas con posturas «flojas» o «equivocadas» sobre la justificación, deberían ampliar sus «acusaciones» y explicarnos en qué posición deja esto a quienes, según ellos, se han apartado de la ortodoxia. ¿Están en error o en error condenable? ¿Son falsos maestros (de facto) o generalmente maestros fieles que se han equivocado en un punto? Creo que es importante ser consistentes con las implicaciones de nuestras críticas hacia otros individuos.

Publicado originalmente en The Calvinist International. Traducido por Romel Quintero.

El pastor y Dr. Mark Jones (PhD, Leiden Universiteit) ha sido el ministro en Faith Vancouver desde 2007. Es también investigador asociado en la facultad de teología en University of the Free State, Bloemfontein, Sudáfrica. El Dr. Jones es el autor de varios libros, incluyendo su libro más reciente, Knowing Christ.

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