Contra la ‘teología histórica’

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En la reciente discusión polémica entre John Frame, James Dolezal y otros comentaristas, el papel de la historia en la teología ha sido un importante tema de conversación. ¿Deberíamos apegarnos a la tradición histórica o deberíamos ser libres para ser «bíblicos»? ¿Hasta qué punto podemos criticar a los teólogos del pasado? ¿Deberíamos ver la teología constructiva con sospecha o aprecio?

El mismo John Frame plantea algunos de estos puntos en su respuesta a Dolezal, especialmente en este párrafo:

Al igual que Muller, él intenta hacer que la teología sistemática esté totalmente subordinada a la teología histórica. Pero esto es poner el carro delante del caballo. Podemos aprender mucho de los teólogos que nos han precedido en la historia, pero la sola Scriptura nos obliga a probar todo lo que dicen mediante el estudio directo de las Escrituras.

Observe las categorías: «teología sistemática» y «teología histórica». Estas se presentan como disciplinas autónomas y se presume que son lo suficientemente diferentes como para poder oponerse entre sí. Hay algunos supuestos poderosos en este tipo de argumento, y me gustaría tratarlos aquí.

De hecho, iré al grano. No creo que debamos conceder el concepto de «teología histórica» de esta manera. La «historia» es una categoría válida (el estudio de personas, lugares y cosas a lo largo del tiempo), por lo que la «historia de la iglesia» y la «teología histórica» tienen sentido como especies de esta disciplina. Pero eso es para los historiadores. Para los teólogos, sin importar su inclinación, el interés no es simplemente estudiar el desarrollo de las ideas como tales. Ciertamente, ellos no deberían tratar estas ideas como construcciones o artefactos intelectuales que se encuentran a cierta distancia del concepto más simple de «teología». Si eso es lo que significa «teología histórica», entonces no deberíamos tener nada que ver con ello.

Hablemos de homoousious. Si bien ahora sabemos que el desarrollo de la teología pro-Nicea fue más complicado que este término, éste sigue siendo el término que encapsula todo el debate. No es un término bíblico y, de hecho, presupone una cierta ontología: que existe una «esencia» y que las personas divinas pueden compartirla de una manera que las criaturas no pueden compartirla. En ninguna parte de la Biblia encontrarás estos antecedentes teóricos directamente examinados o discutidos. El punto de Atanasio era que la Biblia también asumía este tipo de concepto y que la enseñanza bíblica no podría entenderse sin ese concepto, pero es por eso que tuvo que argumentar como lo hizo. Esto no siempre fue universalmente reconocido.

Ahora bien, un «teólogo histórico» comenzaría a contar la historia de cómo comenzó este concepto teológico, y de cómo se desarrolló y finalmente obtuvo una amplia aceptación. Puedes encontrar ejemplos de esto en Search For the Christian Doctrine of God de RPC Hanson y en Nicaea and Its Legacy de Lewis Ayres. Ninguno de estos libros asume necesariamente la carga de demostrar que el método proniceno es verdadero. No argumentan que tuvo la mejor exégesis o que supera un escrutinio filosófico extremo. Ambos autores, por supuesto, pueden creer que es así, pero ese no es el objetivo principal de sus libros. En cambio, están contando lo que sucedió. Están escribiendo libros de historia.

Estos libros también son muy buenos. Son útiles tanto para los historiadores como para los teólogos. Creo que son útiles para pastores y laicos educados. Pero no creo que los teólogos, pastores y otros cristianos simplemente estén leyendo estos libros para comprender cómo evolucionaron las ideas y los conceptos. No, los están leyendo para comprender la doctrina nicena de Dios. De hecho, no es demasiado decir que simplemente están leyendo estos libros para comprender la Trinidad.

En este punto, los teólogos más «constructivos» (¿o creativos?) protestarán. ¿Hablar de esta manera no es poner las expresiones pasadas de la teología al nivel de la verdad absoluta? ¿Estamos haciendo la historia infalible y, por lo tanto, cometiendo una especie de idolatría? No. No estamos diciendo que todo en la historia de Nicea fuera absolutamente correcto, ni sujetamos la conciencia de nadie a cada expresión particular de los diversos teólogos del siglo IV. Por cierto, ni siquiera los romanistas y Ortodoxos orientales hacen eso. En cambio, lo que estamos diciendo es que Nicea y su posterior refinamiento fueron básicamente correctos. Creemos que los teólogos pronicenos entablaron una argumentación crítica con sus oponentes y, en su mayor parte, acertaron. Es por eso que confesamos el Credo de Nicea y nos identificamos con esa tradición en lugar de desafiarla y unirnos a uno de los muchos movimientos restauracionistas de hoy.

Creemos que la verdad es acumulativa y que el progreso puede y ha sido hecho. Creemos que es nuestro deber aprender eso y trabajar de manera coherente con ello. En el caso de que creamos que hemos localizado un error sustancial, entendemos que esto será un descubrimiento significativo y que generará mucha controversia y, por lo tanto, debe manejarse con el máximo cuidado.

Por lo tanto, nuestra teología, incluso nuestra teología sistemática, siempre sigue las pistas de teologías sistemáticas anteriores, ya que esos son los lugares donde hemos aprendido nuestra gramática y las «reglas básicas». Cuando defendemos la teología pro-Nicea, especialmente como ministros cristianos, no estamos argumentando a favor de la «teología histórica», sino que simplemente estamos haciendo «teología» como cristianos que son herederos de un legado de aprendizaje y realización.

Tampoco creo que sea cierto que la mayoría de los teólogos constructivos del siglo XX conocieran muy bien su teología histórica. No la consideraron cuidadosamente y la vieron como incompleta. De hecho, parecen haber tenido un conocimiento muy limitado de ella. Han asumido que era bastante estrecha y que podría afirmarse fácilmente y luego relativizarse, aunque, de alguna manera, al mismo tiempo no contradecirla, por sus propios descubrimientos exegéticos y su argumentación filosófica adicional. Ellos podrían argumentar que Dios es «inmutable», porque sintieron que esto era un hecho probado de toda la doctrina cristiana, pero luego voltearse y argumentar que Dios cambia, porque eso es lo que vieron en las Escrituras. Es posible que ya hayan ocurrido varios intentos anteriores de armonización, pero claramente fueron insuficientes. Después de todo, esa situación es precisamente lo que la nueva propuesta busca corregir.

Pero en realidad, lo que esto significa es que ciertos pensadores contemporáneos piensan que estos aspectos de la teología temprana están equivocados. Piensan que varios aspectos de lo que ahora se llama «teísmo clásico» estaban equivocados. Según ellos, puede que hayan estado «en el camino correcto», pero actualmente son lo suficientemente incompletos como para necesitar una modificación sustancial. Seamos honestos, si la esencia de Dios admite o no una existencia o existencias múltiples es una pregunta fundamental. No es el tipo de cosa que se puede «agregar» fácilmente a una teología sin implicaciones bastante dramáticas. Lo mismo ocurre con la simplicidad, la inmutabilidad y, ciertamente, la relación entre las operaciones de Dios y las diversas personas de la Trinidad.

Recuerdo, en mi propia experiencia en el seminario, a un profesor de teología sistemática que enseñaba a la clase que había tres voluntades en la Deidad. No estoy seguro de que él supiera que esto estaba fuera de los límites. Más bien, simplemente parecía natural, dada la forma en que comúnmente hablamos de «personas» y todas las suposiciones que están involucradas en algo como el pacto de redención. Para la teología de Nicea, sin embargo, esto es totalmente inaceptable. Solo hay una voluntad divina, y sugerir que hay tres es similar al politeísmo.

Ahora bien, cuando uno se enfrenta a este problema, hay algunas opciones. Uno puede hacer uso de distinciones escolásticas del siglo XVII. Podrías argumentar a favor de inflexiones hipostáticas particulares de la voluntad única, percibidas especialmente de manera distinta a las obras extra de Dios. Los teólogos podrían hablar aquí y allá y presentar sus argumentos sobre cuáles articulaciones son más consistentes. Esto sería fiel a la teología temprana de Nicea.

Otra opción es decir que no sabes cómo armonizar las cosas, por lo que lo vas a dejar tranquilo. Esta es una opción particularmente buena para el pensador más joven o alguien nuevo en la lógica trinitaria. No será un buen libro, ni debería serlo, pero es un enfoque apropiado, humilde y cauteloso.

Una tercera opción es decir que piensas que la tradición de confesar «una voluntad» en la Trinidad está simplemente equivocada. Crees que la Biblia es lo suficientemente clara, y ahí te quedas. Tomar esta opción, por supuesto, requerirá que critiques la lógica de Nicea, y creo que requerirá que te separes de esa tradición; de hecho, de esa teología. Pero si la crees con convicción, esto es lo que debes hacer. Las consecuencias serán significativas, pero debes hacer lo que tienes que hacer.

Sin embargo, lo que no debes hacer es decir que la lógica antigua de Nicea es «teología histórica» y que es buena en su lugar, pero que vas a buscar alguna teología «bíblica» o «sistemática» alternativa que ofrezca una respuesta diferente. Esta no es una opción legítima. Esto es usar adjetivos, no para modificar, sino para ocultar el sustantivo.

Después de todo, ninguno de nosotros está libre de la historia, y eso significa que ninguno de nosotros está libre de la «teología histórica». Todos estamos trabajando con términos y construcciones que tienen bagaje, y podría sorprendernos saber cuántos conceptos intelectuales ya han sido probados. Argumentar que no estás trabajando con «teología histórica», sino más bien con una teología bíblica o sistemática constructiva, parece estar basado en una suposición bastante atomista del aprendizaje. También parece estar unido a la creencia moderna en la separación de las disciplinas académicas.

En cambio, toda nuestra teología sistemática debe ser teología histórica porque estamos en el año 2.000 de la historia de la teología cristiana. No podemos alejarnos de esta realidad para alcanzar un punto de vista verdaderamente ahistórico, ni debemos desearlo. Por esta razón, creo que ya es hora de dar un paso más en nuestro progreso intelectual y relegar la nomenclatura de «teología histórica» a los vendedores de libros y registradores de biblioteca. Los historiadores profesionales pueden mantener la taxonomía si es necesario.

Pero el resto de nosotros, hablemos de teología.

Publicado en The Calvinist International. Traducido por Romel Q.

Es el pastor asociado de Faith Presbyterian Church en Vancouver, British Columbia. Escribe sobre teología, historia y teoría política, y ha enseñado en Jr. High y High School. Es el fundador y editor general de The Calvinist International, una revista en línea de humanismo cristiano y teología política, y es uno de los directores del Davenant Institute.

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