Los verdaderos reformados y los católicos reformados

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En los círculos reformados está surgiendo una clase de eclesiásticos que me entusiasma. Se llaman católicos reformados (o irénicos reformados), el término preferido por muchos de los grandes escolásticos protestantes que no estaban muy interesados en el término «calvinista». Los católicos reformados se diferencian de los llamados progresistas en que valoran su identidad confesional en lugar de solo honrarla con sus labios. También difieren un poco de otro grupo de confesionalistas acérrimos.

Desde hace algunos años, aquellos que han tomado en serio la Confesión de Fe de Westminster –quizá demasiado en serio en el caso de algunos–, a veces han sido designados con el término peyorativo de «verdaderos reformados». Con frecuencia escucho la broma: «¡es que él es un verdadero reformado!».  

Ahora bien, según entiendo el término, aquellos que son «verdaderos reformados» son el «tipo más duro» de presbiterianos. También hay bautistas reformados que son así. Conozco a algunos de ellos, y no me disculparé por decir que algunos de los hombres más piadosos que conozco son «verdaderos reformados» (o al menos serían calificados de esa manera). Tengo a muchos de ellos como amigos y los respeto.

Entre este grupo, a veces me preocupa que su celo por la fidelidad confesional –un celo noble, en sí mismo– pueda reflejar una lectura muy estricta de la diversidad de la tradición reformada y de nuestra historia confesional reformada. Leen nuestras confesiones de una manera algo histórica y, por consiguiente, tienden a trazar las líneas de la ortodoxia de forma bastante estrecha, excluyendo de la tradición reformada puntos de vista que tienen bastante precedente histórico. Debemos admitir que nuestra tradición tiene mucha diversidad. Mucha. Y esta diversidad está presente en la forma en que se formaron nuestras confesiones, si uno las lee con cuidado (e.g., la naturaleza de la recompensa de Adán es ambigua).

Tomemos, por ejemplo, la posición universalista hipotética sobre la expiación1Nota del traductor: «El universalismo hipotético a menudo denota una rama importante de teólogos reformados que argumentaron que Dios quiso que la muerte de Cristo fuese una causa universal de salvación para todos los hombres con la condición de que si todos creen y se arrepienten, sus pecados serán remitidos. Como Richard Muller ha señalado, hay versiones claras de universalismo hipotético en Musculus, Ursino, Zanchi, Bullinger, et al» Michael Lynch (PhD, Calvin Seminary), Interview on the Atonement and Hypothetical Universalism.. Yo mismo no soy un universalista hipotético, pero soy consciente de que una cuarta parte de la tradición reformada, incluyendo a los primeros reformadores, eran universalistas hipotéticos. De hecho, si un universalista hipotético viniera al presbiterio occidental de Canadá para ser examinado –llamémoslo Edmund–, yo no consideraría que su posición golpee los aspectos vitales de la confesión. Es una versión cercana, pero las mejores versiones del universalismo hipotético –que difieren de los puntos de vista de Amyraut o Cameron– son prácticamente indistinguibles de ciertas versiones (sí, ¡versiones!) de la redención particular. John Owen fue en realidad un teólogo innovador cuando escribió The Death of Death. De hecho, Owen fue un teólogo innovador para su época, y rara vez temía decir cosas de manera diferente o nueva.

Este ejemplo anterior sobre el alcance de la expiación proporciona una puerta de entrada al tema descrito al principio de esta publicación. Tengo la sensación de que hay un número creciente de jóvenes eclesiásticos que han tenido una formación teológica-histórica particularmente buena en el extranjero y también aquí en América del Norte. Entienden los sentimientos detrás de Ratisbona. Han luchado con la diversidad de la tradición reformada en el período moderno temprano. Han leído una gran cantidad de fuentes primarias, y, por lo tanto, no han sido engañados por la literatura reformada popular que hace muchas afirmaciones sin mucha evidencia. Han visto que hay un precedente para una catolicidad reformada sana. Y así, estos muchachos están dispuestos a ser más suaves con posiciones con las que están en desacuerdo. Sí, el evangelio debe ser defendido, pero el evangelio no está necesariamente bajo ataque cuando alguien niega que Adán puede merecer la vida celestial o cuando se afirme que había elementos de gracia (entendido cuidadosamente, por supuesto) en la «administración adánica».

El problema con una gran cantidad de teología polémica hecha por aquellos que podrían llamarse «verdaderos reformados», es su tendencia a atacar por la yugular con demasiada facilidad y rapidez. Uno puede acostumbrarse a enfocarse en lo peor del punto de vista de alguien y llamarlo moralista. Pero esto tiene una doble consecuencia. En primer lugar, llamar moralista a alguien es decir que se va al infierno. El moralismo es la más grave de todas las herejías, y no es una acusación que deba tomarse a la ligera. Un moralista cree que somos justificados por Cristo y algo más (e.g., la circuncisión). En segundo lugar, ¿qué hacemos con el resto de la cristiandad (e.g., los arminianos) que tiene un entendimiento diferente de la justificación por la fe? ¿Son también moralistas relegados a la oscuridad de afuera?

La mayoría de las personas en la cristiandad nunca han oído hablar de la imputación de la obediencia activa de Cristo, y mucho menos la entienden. Algunos en Norteamérica actúan como que de no afirmarse esa doctrina en particular, el alma está en peligro. No obstante, encuentro un poco de consuelo en las palabras de John Owen: «Los hombres pueden ser realmente salvados por esa gracia que doctrinalmente niegan; y pueden ser justificados por la imputación de esa justicia que niegan ser imputada»2The Doctrine of Justification by Faith Alone 5:163-64. Teniendo en cuenta que Owen escribió una de las mejores defensas de la doctrina de la justificación, estas palabras deben tomarse en serio. Necesitamos recordar que la justificación no es «solo por precisión».

Aquí está la ironía: ser un verdadero reformado, en mi opinión, es ser un católico reformado. Ser un verdadero reformado significa que puedes citar libremente autores que son papistas o arminianos. Nuestros Padres ​​Reformados no tenían que preocuparse por que las personas se escandalizaran cuando citaban a Arminio con aprobación. Hoy, el católico reformado puede citar a N.T. Wright con aprobación, pero debe estar preparado para pagar el precio (personalmente, no soy muy fan de Wright, pero el ejemplo sigue siendo útil). Fue Thomas Goodwin, un divino de Westminster, quien llamó a Estius un «ingenioso papista» y un «expositor erudito». Mucha de la teología en línea hoy refleja un espíritu partidista: si mi amigo dice ciertas cosas está bien, pero si alguien que no me gusta dice lo mismo, está creando confusión y debemos enviar correos electrónicos advirtiendo a las personas de su heterodoxia.

Charles Hodge pasó mucho tiempo con Schleiermacher. Considera la sorprendente catolicidad de Hodge:

Cuando estaba en Berlín, el escritor a menudo asistía a la iglesia de Schleiermacher. Los himnos que serían cantados eran impresos en hojas de papel y distribuidos en la puerta. Siempre fueron evangélicos y espirituales en un grado eminente, llenos de alabanza y gratitud al Redentor. Tholuck dijo que Schleiermacher, cuando se reunía por la noche con su familia, solía decir: ‘Silencio, niños; cantemos un himno de alabanza a Cristo’. ¿Podemos dudar de que él está cantando esas alabanzas ahora? Para quienquiera que Cristo sea Dios, San Juan nos asegura que Cristo es Salvador (II.440 nota al pie).

Tal vez pasar tiempo con Schleiermacher hizo la diferencia. Solemos ser más indulgentes con las personas con que hemos pasado tiempo.

Los católicos reformados reciben a los bautistas como miembros de la iglesia, y los reciben en la Mesa; los católicos reformados no enloquecen cuando alguien –llamémosle E.J.– decide permanecer agnóstico en cuanto a la duración de los primeros tres días de la creación. 

Cuando consideramos el mundo cristiano, y cuán amplio es, no tiene mucho sentido para nosotros, en la tradición confesional reformada, ser demasiado estrechos. Después de todo, somos una pequeña minoría. Deberíamos, en la medida de lo posible, y sin comprometer nuestra herencia confesional, abrazar o respetar otras tradiciones, puntos de vista y valores cristianos. En realidad, es una seguridad firme en nuestra herencia confesional reformada lo que nos permite hacer esto.  

Solo puedo hablar por mí mismo en este asunto, pero visitar Sudáfrica, China, Brasil y otras partes menos conocidas del mundo (e.g., Holanda) ha sido bueno para mí. He pasado mucho tiempo con cristianos piadosos que no tienen una teología tan precisa como la de los confesionalistas reformados aquí en América del Norte. Pero cuando ves su amor básico por el Señor, su deseo de exaltar a Cristo y su alegría de que sus pecados son perdonados y que Dios les ha dado su Espíritu Santo, tiendes a obtener una perspectiva diferente en comparación con quienes quizá pasan mucho tiempo en un mismo lugar con aquellos que están de acuerdo con ellos en casi todo. Las cámaras de eco pueden ser lugares peligrosos. Me encantaría que algunos de los seminaristas del «tipo duro» visiten cristianos en otros países; puede ser más valioso para su desarrollo teológico y pastoral que mucha de las clases de teología práctica que toman.

Tengo estudiantes en África que tuvieron que lidiar con un pastor visitante en su iglesia que dijo que Job era un adorador de Satanás. Se desató una pelea, ¡y en ese caso creo que tenían razón en no abrazar la diversidad! 

Al final, creo que debemos tomar más en serio estas palabras de John Owen: «Una buena labor es, sin duda, eliminar todas las ocasiones innecesarias de debate y diferencias en la religión, siempre y cuando no perdamos lo que es vital en ella»3The Doctrine of Justification by Faith Alone, p. 56.. Esto es algo que quiero tomar más en serio en mi propio acercamiento; pero espero que otros también piensen cuidadosamente acerca de cómo parecen querer crear problemas donde no tiene que haber ningún problema. Por eso, estoy agradecido por la creciente catolicidad reformada entre una nueva generación de eclesiásticos que toman en serio la teología confesional.

¿Significa esto que comprometemos la verdad? Para nada; a menos que estemos dispuestos a decir que Owen y Hodge eran ‘comprometedores’.

Notas:

[1] Nota del traductor: «El universalismo hipotético a menudo denota una rama importante de teólogos reformados que argumentaron que Dios quiso que la muerte de Cristo fuese una causa universal de salvación para todos los hombres con la condición de que si todos creen y se arrepienten, sus pecados serán remitidos. Como Richard Muller ha señalado, hay versiones claras de universalismo hipotético en Musculus, Ursino, Zanchi, Bullinger, et al» Michael Lynch (PhD, Calvin Seminary), Interview on the Atonement and Hypothetical Universalism.

[2] The Doctrine of Justification by Faith Alone 5:163-64.

[3] The Doctrine of Justification by Faith Alone, p. 56.

Este artículo fue publicado originalmente en Reformation21. Traducido por Romel Quintero.

El pastor y Dr. Mark Jones (PhD, Leiden Universiteit) ha sido el ministro en Faith Vancouver desde 2007. Es también investigador asociado en la facultad de teología en University of the Free State, Bloemfontein, Sudáfrica. El Dr. Jones es el autor de varios libros, incluyendo su libro más reciente, Knowing Christ.
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