El coloquio de Marburgo: tercer día

2

Publicaciones previas en esta serie:

El tercer día del coloquio de Marburgo es básicamente el día en el que al carruaje se le soltaron las ruedas. El primer día se caracterizó por discusiones informales con un grupo pequeño y fue seguido por discusiones más oficiales (aunque igual de infructíferas) el 2 de octubre. El 3 de octubre, esas discusiones oficiales continuaron. Una vez que se hizo claro que no sería posible el acuerdo, las discusiones se volvieron más irritables. Pero una vez que los asistentes pasaron tiempo entre sí, se dieron cuenta de la magnitud de lo que ocurría: en tanto que Lutero fuese preeminente entre los luteranos, no sería posible la reconciliación entre los reformados y luteranos. Y darse cuenta de ello fue devastador para varios asistentes. 

El coloquio de Marburgo, día 3, sesión 1

Si ha leído las notas del segundo día, entonces sabe cómo empezó el tercer día: Zuinglio siguió argumentando que el cuerpo de Cristo no puede estar en varios lugares a la vez. Esta es literalmente la primera interacción que hemos registrado del tercer día del coloquio: 

Zuinglio: Las palabras ‘morphe’ y ‘schema’ indican que el cuerpo de Cristo debe ocupar un cierto espacio y debe existir localmente. 

Lutero: Ya te lo he dicho: puede que el cuerpo de Cristo esté en el espacio, y puede que no esté en el espacio. Dios incluso puede causar que mi cuerpo no esté en el espacio. Este texto no contiene matemáticas. Qué es el espacio es algo enseñado por las matemáticas. Los académicos han sostenido que un cuerpo puede estar en muchos lugares, o muchos cuerpos en un lugar, o que un cuerpo puede que no esté en ningún lugar.  Ellos dicen que Dios puede hacer lo mismo con todos los cuerpos, por no hablar del cuerpo de Cristo. ¿Quién soy yo para medir el poder de Dios? Él mantiene el más grande organismo existiendo (el universo) sin espacio. Por lo tanto, el mundo no tiene un lugar donde existe. 

Zuinglio responde a Lutero que no puede refugiarse en los académicos (escolásticos): «Prueba que el cuerpo de Cristo puede estar en muchos lugares». Lutero responde: «Esto es mi cuerpo».

A partir de aquí, Zuinglio cambia el curso y comienza a argumentar desde los Padres, citando a Agustín y Fulgencio. Lutero responde diciendo que los pasajes que Zuinglio está citando no tratan la cuestión de la Cena del Señor, sino que tienen que ver con otros debates históricos, principalmente con el maniqueísmo. 

Al argumentar desde Agustín, los reformados provocaron que Brenz dijese que el cuerpo «está sin lugar». Zuinglio entonces responde: «El cuerpo de Cristo debe estar en un lugar; si no estuviese en un lugar, no sería un cuerpo».

Ante esto, Lutero dice: «’Debe estar en un lugar’: esta frase de Agustín no habla de la Cena del Señor. En el Sacramento el cuerpo no está como en un lugar». Ecolampadio entonces trata de presionar a Lutero argumentando que «entonces el cuerpo de Cristo no está realmente en el Sacramento, somatikios, corporalmente, es decir, con un cuerpo verdadero».

En ese momento, van a un descanso.

El coloquio de Marburgo, día 3, sesión 2

Cuando regresan, Ecolampadio resume: «Han admitido que el cuerpo de Cristo no está en el Sacramento como en un lugar. Ahora pregunto, con toda sinceridad: ¿Cómo, entonces, puede haber un cuerpo?» (lee a Fulgencio y Agustín).

Lutero responde que los reformados ahora argumentan desde los Padres porque no pueden probar su enseñanza desde la Escritura. Él concede que Agustín y Fulgencio están del lado reformado, pero dice que los demás Padres están contra ellos. Ecolampadio le pide que cite uno. Lutero dice: «No conozco un doctor de la iglesia que produzca un acuerdo entre nosotros», ya que todos los doctores están de acuerdo en que Dios puede existir fuera del espacio y, como él lo ve, ese es el punto principal de disputa.  

Los dos bandos van de un lado a otro, argumentando con base en las Escrituras y sus lecturas de Agustín. En tanto la discusión aumenta, un político llamado Feige exhorta a ambos lados a «buscar los medios y maneras de llegar a un acuerdo». Eso desencadena el momento clave en el coloquio: 

Lutero: No conozco otros medios que darle el honor debido a la Palabra de Dios y creer con nosotros. Yo permanezco en mi fe. No puedo ceder. 

Zuinglio o Ecolampadio (nota: las fuentes no están de acuerdo en cuanto a quién dijo esto): No podemos comprender ni creer que el cuerpo de Cristo esté allí. 

Lutero: Los dejo a Dios y Su juicio. 

En este punto, el registro dice que: 

Lutero entonces agradece a Ecolampadio por haber expuesto claramente sus opiniones de una manera cordial y sin amargura. También agradece a Zuinglio, aunque haya hablado con más amargura. Pide que sus palabras duras, si es que, cediendo a su carne y sangre, las ha hablado, sean perdonadas. Que haya un perdón mutuo. 

Ecolampadio entonces pide «por el nombre de Dios que la pobre Iglesia sea tomada en cuenta». Zuinglio entonces pide a Lutero que perdone su amargura y («casi llorando») dice que «siempre ha sido mi ferviente deseo tenerte como amigo, y todavía pido por eso. No hay hombre, ni siquiera en Italia y Francia, que quisiera ver más que a ti». Lutero responde: «Pide a Dios que seas iluminado». Ante esto Ecolampadio dice a Lutero: «Tú también debes pedir por eso. Igualmente lo necesitas». 

A partir de Aquí, Jacob Sturm, el magistrado de Estrasburgo, señaló que los primeros comentarios de Lutero tocaban más que la cuestión de la Eucaristía y también tocaban cuestiones sobre la enseñanza de la Trinidad y otras doctrinas centrales. Específicamente, fuertemente implicó que el movimiento de Estrasburgo también falló en enseñar correctamente estos asuntos. 

Dada la crítica de Lutero, Sturm se preocupó por que el movimiento de Estrasburgo fuese más aislado de los reformados y luteranos, por lo que pidió que se diese a Martín Bucero la oportunidad de hablar. La asamblea estuvo de acuerdo y Bucero tomó la palabra.  

El registro dice que Bucero «habló de las doctrinas de la Trinidad, la persona de Cristo, el pecado original, el bautismo, la justificación y del ministerio de la Palabra como se enseñan en Estrasburgo, rechazando especialmente la sospecha de arrianismo. En conclusión, pide a Lutero que testifique que esta doctrina es ortodoxa». 

Lutero dice que no puede hacer esto, ya que no es su Señor ni su juez. También dice que los reformadores de Estrasburgo han protestado cuando otros los han descrito como seguidores de Lutero, por lo que él no entiende por qué querrían su bendición. Lutero dice: «En todo lugar alardeas que no has aprendido de nosotros. Es evidente que no has aprendido de nosotros. Yo no quiero ser vuestro maestro. En cuanto a nuestra enseñanza, tienes mi escritos y mi confesión». 

Bucero, entonces, pregunta si Lutero lo reconocería como un hermano o si estaría dispuesto a mostrarle sus errores a fin de poder superarlos.

Lutero se niega a esto, diciendo que no es el Señor, juez o maestro de Bucero. Entonces usa las que son quizás las palabras más hirientes de todo el coloquio para atacar a Bucero: 

Tu espíritu y nuestro espíritu no pueden ir juntos. Ciertamente, es obvio que no tenemos el mismo espíritu. Porque no puede haber el mismo espíritu donde en un lado las palabras de Cristo son aceptadas con fe sincera, y en otro lado esta fe es criticada, atacada, negada y blasfemada. Por lo tanto, como les he dicho, los dejamos al juicio de Dios. Enseña lo que pienses que puedes defender delante de Dios.  

Ante esto, Feige agradece a todos los asistentes y los despide, pero pide que se preparen para ser citados por Felipe, ya sea juntos o individualmente, ya que desea hablar con todos antes de que se vayan.

El coloquio de Marburgo, día 3, sesión 3

Esa tarde, Felipe habló con varios de los asistentes. Su propósito era encontrar una manera de elaborar una confesión común de las reuniones individuales, a pesar de fallar en llegar a un acuerdo colectivamente. Sin embargo, todos sus esfuerzos fueron rechazados. Dicho esto, después de la muerte de Zuinglio en 1531, algo similar fue afirmado por los reformados y alemanes del sur en 1534, y se convirtió en la base para la Concordia de Wittenberg en 1536.    

Al final del día, los asistentes fueron a dormir con planes de marcharse al día siguiente. 

__________________________________________________________________

*Este artículo fue publicado originalmente en The Davenant Institute.

Traducción: Romel Quintero.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

Related Posts

1 Response

Leave a Reply