El coloquio de Marburgo: segundo día

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El segundo día del coloquio es, técnicamente hablando, el primer día. Aunque la discusión comenzó formalmente el viernes (1 octubre) entre Lutero, Zuinglio, Melanchthon y Ecolampadio, el coloquio no comenzó oficialmente hasta que los luteranos sureños, Agricola y Osiander, llegaron la mañana del 2 de octubre.

El discurso de apertura de Zuinglio

La reunión se convocó para las 6 am y comenzó con un largo discurso de Ulrico Zuinglio. El discurso de Zuinglio consistía de dos puntos principales:

  • En primer lugar, la lectura más obvia de Juan 6 sugiere que la cuestión de la presencia física no es central para la importancia de la Eucaristía porque «la carne para nada aprovecha». Para probar este punto, Zuinglio cita el capítulo entero, pero hace un énfasis especial en el versículo 52: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».
  • El segundo movimiento de Zuinglio es el más interesante. Citando los comentarios de Lutero y las notas de Melanchthon sobre el pasaje en cuestión, Zuinglio argumenta que los luteranos en realidad están de acuerdo con su interpretación de Juan 6, lo que los pone en una posición difícil hermenéuticamente hablando. Si Zuinglio está en lo correcto y la carne para nada aprovecha, entonces Lutero y Melanchthon no pueden decir que en Juan 6 Cristo enseña que la carne para nada aprovecha y luego insistir en la presencia física de Cristo en la Eucaristía.

La respuesta de Lutero a Zuinglio

Lutero responde a Zuinglio regresando a su argumento principal: las palabras de Cristo son «esto es mi cuerpo». Incluso si él acordara completamente con la lectura de Zuinglio de Juan 6, eso no cambia las palabras que Cristo habló al instituir la Cena.

Lutero entonces pasa a replicar otra objeción común a la posición luterana. Él señala que muchos han dicho que la postura de Lutero es ex opera operato, lo que significa que el sacramento opera independientemente de la Palabra de Dios. Lutero replica este argumento diciendo que el lenguaje de Dios es fundamentalmente diferente al lenguaje humano, y que cuando «algo es dicho por la ‘sublime majestad’, por Dios mismo, tal palabra no solo ‘significa’, sino que efectúa y realiza eso que significa, no a través de nuestro poder, sino a través del poder de Dios. Entonces las palabras no son solo el sonido de un hombre que habla, sino de Dios, y este sonido transmite algo a aquel que come el pan».

Finalmente, Lutero hábilmente pasa de esta observación a usar los ataques de sus críticos en su contra, argumentando que debido a que estos críticos vinculan íntimamente el sacramento con la santidad personal, su postura equivale a un nuevo tipo de donatismo, cercanamente similar al error anabautista sobre el bautismo.

En este punto, Lutero parece casi abandonar el argumento, diciendo: «Felipe [Melanchthon], ahora deberías hablar tú. Estoy muy cansado». Luego señala que ha pasado el día esperando ver que cualquiera de sus antagonistas presentase un ejemplo de la Escritura donde la palabra «cuerpo» sea entendida figurativamente.

Zuinglio y Lutero continúan su debate

En este punto Zuinglio aborda brevemente el argumento de Lutero, diciendo que sería «un absurdo» si los ministros impíos pudieran causar que el cuerpo de Cristo esté presente. Lutero escucha esto e inmediatamente acusa a Zuinglio de donatismo, señalando que esto invalidaría todos los ministerios de la iglesia, ya que nadie podría saber con certeza si el pastor que lo bautizó o que le predica realiza estos actos legítimamente.

Zuinglio entonces argumenta que la frase “esto es mi cuerpo” pertenece al ministerio de la predicación: el ministro proclama la Palabra pero no posee ningún poder que le permita invocar a Cristo de forma física.

En este punto, Lutero hace la jugada que hará una y otra vez durante el coloquio: «Ya seas que las aceptes como palabras de enseñanza o del sacramento, estas palabras permanecen: ‘Esto es mi cuerpo’». Para Lutero, el ministerio de la Palabra (predicación) y el ministerio del sacramento son uno y el mismo.

Zuinglio entonces dice que si el carácter del ministro no hace diferencia en su capacidad de llevar a cabo sus roles, entonces, en primer lugar, no hay razón para la Reforma, porque ahora hemos regresado a la edad media tardía papal.

Lutero responde diciendo que el punto no es que el carácter del ministro sea irrelevante, sino que su carácter no es esencial para la eficacia del sacramento. Dios es el que actúa y el que habla, no el ministro. Así que, en ultima instancia, este es un punto pastoral: Incluso si no confías en el ministro, puedes confiar en que Dios te está hablando a través de los medios de gracia.

Los dos van de un lado para otro en este punto justo antes de que Zuinglio presente su siguiente argumento: Cristo todavía está en un cuerpo físico. Los cuerpos físicos no pueden estar en varios lugares al mismo tiempo. Por lo tanto, Cristo no está físicamente presente en la Eucaristía. Lutero entonces argumenta que si «esto es mi cuerpo» puede ser leído figurativamente, no hay nada que pueda detener tal aproximación: Si «esto es mi cuerpo» es figurativo, ¿por qué no también “el ascendió a los cielos”?

Zuinglio responde: «Esta sentencia (‘él ascendió a los cielos’) no requiere un entendimiento figurativo». Lutero sucintamente responde: «Tampoco la otra».

En este punto, el registro dice que Ecolampadio reemplazó a Zuinglio, ya que el reformador de Zurich se sentía «exhausto».

Ecolampadio debate con Lutero

Ecolampadio comenzó su debate con Lutero citando varios textos escriturísticos que respaldaban la postura reformada, pero rápidamente deja esa estrategia para enfatizar, nuevamente, el punto de Zuinglio de que, dado que Cristo está en un cuerpo físico, ese cuerpo no puede estar en más de un lugar en un momento.

Lutero rápidamente se cansa de este argumento, diciendo que no le interesa la «matemática» y que si la Escritura enseña que Cristo ha ascendido al cielo, y que está físicamente presente en la Eucaristía, entonces solo podemos confesar nuestra creencia en ambas cosas y dejar la explicación de cómo funciona en las manos de Dios. No debemos preocuparnos por identificar el lugar del cosmos donde está el cuerpo de Cristo en cierto momento. Cristo dice: «Esto es mi cuerpo», y así debemos afirmar la lectura más obvia de esas palabras.

Zuinglio regresa al debate

En este punto, Zuinglio salta a decir que Lutero mismo está identificando un lugar donde Cristo está presente cuando habla en la Eucaristía y dice: «Cristo está presente allí«. Lutero descarta el argumento y dice que las palabras de Cristo son «esto es mi cuerpo», no «eso es mi cuerpo». Luego se queja de que se está cansando.

El argumento se vuelve aún más irritable, ya que Zuinglio cita un texto del Nuevo Testamento en el griego original, incitando a Lutero a retarlo y este le demanda que hable latín o alemán. Zuinglio se disculpa, pero de una manera irónica, señalando que él ha leído los textos griegos por doces años y que ha leído el texto latino solo una vez.

El día termina algo amargado. Después de discutir la cuestión de si el cuerpo de Cristo puede estar en más de un lugar en un solo momento, Lutero trata de terminar la discusión sobre este punto, diciendo: «No tengo nada que ver con razones matemáticas y excluyo y rechazo completamente de las palabras de la cena del Señor el adverbio de espacio».

Zuinglio responde con una pregunta hiriente que muestra la frustración que ambos hombres sentían entre sí: «¿Entonces todo debe hacerse según tu voluntad?». Y aquí es donde terminan las notas de la reunión del 2 de octubre.

Conclusión

Hay una discusión limitada de los textos bíblicos en el segundo día, pero la preocupación principal es la cuestión del cuerpo físico de Cristo. Los suizos argumentaban que, dado que Cristo está en un cuerpo humano, él no puede estar presente tanto a la derecha del Padre como en los elementos físicos de la Eucaristía. Lutero, tomando una aproximación algo biblicista en la cuestión, insiste en que la «matemática» (hoy diríamos la «física») del cuerpo físico de Cristo es irrelevante para el debate. Todo lo que importa es lo que los textos bíblicos enseñan. Y hasta este punto no ha escuchado una razón convincente de los suizos para interpretar «esto es mi cuerpo» como algo figurativo.

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Este artículo fue publicado originalmente en The Davenant Institute.

Traducción: Romel Quintero.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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