El coloquio de Marburgo: primer día

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El coloquio comenzó informalmente en la mañana del 1 de octubre, después de que Lutero y Melanchthon llegasen de Wittenberg el día anterior. La reunión realmente solo consistió de dos conversaciones separadas sobre la cuestión de la presencia eucarística, entre Melanchthon y Zuinglio, y entre Lutero y Ecolampadio. Los luteranos del sur de Alemania, Agricola y Osiander, no llegaron hasta el siguiente día (2 de octubre), que es cuando el coloquio comenzó oficialmente.

Dicho esto, aunque Lutero y Melanchthon solo llegaron a Marburgo el 30 de septiembre, Zuinglio, Ecolampadio, Bucero, Hedio y el político prominente de Estrasburgo, Jacob Sturm, habían llegado a la ciudad el 27 de septiembre. No solo eso, Zuinglio había estado en Estrasburgo desde el 17 de septiembre a fin de pasar tiempo con los reformadores de Estrasburgo y formar un plan de batalla para lo que ellos sabían sería una reunión tensa con Lutero.

Después de llegar a Marburgo el 27, Zuinglio, Ecolampadio y Hedio (aunque, intrigantemente, no Bucero) fueron invitados a predicar ante el landgrave, Felipe de Hesse (Felipe, recuerde, es el líder que convocó el coloquio y lo organizó en Marburgo).

El otro punto importante a señalar acerca de estos días de reuniones previas en Marburgo entre los suizos y los alemanes sureños, es que les permitieron ponerse en la misma página con respecto a la situación política. El reciente tratado de paz de Carlos V con el Papa había hecho la situación protestante en el sur de Alemania aún más precaria de lo que ya era. Así que durante los cuatro días que Zuinglio estuvo en Marburgo antes del inicio del coloquio, con frecuencia se reunía privadamente con Felipe para discutir la situación política en Alemania del sur y Suiza, y cómo eso podía afectar el trabajo de reforma.

El 30 de septiembre cuando Lutero llegó, él y el partido de Wittenberg fueron recibidos cándidamente por Felipe y otros asistentes. Escribiendo sobre el evento, Herman Sasse dijo:

La cortesía y la habilidad diplomática del organizador ayudaron a crear una atmósfera amistosa, que prevaleció durante todo el coloquio, a pesar de algunos momentos serios durante las discusiones. Aunque nada fue hecho ni podía hacerse para conciliar el contraste profundo entre las posturas teológicas sostenidas por ambos lados, una actitud cristiana fue mostrada por todos.

Puede ser fácil preguntarse cómo el primer día pudo básicamente irse en dos conversaciones de cuatro hombres, pero es importante recordar que los cuatro hombres en cuestión nunca se habían conocido en persona, a pesar de haber leído por años sus obras entre sí, de haber respondido a esas obras y de haber mantenido una comunicación epistolar. Aun así estos hombres eran, en muchos sentidos, desconocidos entre ellos, y en maneras que son difíciles de apreciar para nosotros en la era del internet. Incluso en estas reuniones también podemos discernir algo de la personalidad de Lutero, ya que, se cuenta, le dio la bienvenida a Bucero, diciéndole: «Eres un chico malo»; probablemente haciendo referencia a los intentos anteriores de Bucero de «reconciliar» a los suizos y los luteranos por medio de algo que la mayoría de los lectores (casi todos fuera de Alemania del sur) vieron como una ofuscación clara en vez de un racionamiento teológico sano.

Un resumen del día 1 del Coloquio de Marburgo

Como se señaló antes, el 1 de octubre consistió ampliamente de una discusión informal entre los líderes de la Reforma más prominentes: Lutero, Melanchthon, Ecolmpadio y Zuinglio. Desafortunadamente, no hay registros detallados de la conversación entre Lutero y Ecolampadio. Hay algunas menciones de ella en una carta escrita por Bucero a su amigo Ambrose Blaurer, el reformador de Constanza, que había conocido a Melanchthon y Bucero, y quien era amigo de ambos.

Sasse también dice que un informe desde Brenz sobre los eventos probablemente se refiera a esta conversación. La información más notable que tenemos de ese informe es que Lutero habría argumentado que «así como mil años son un momento para Dios, así miles de lugares deben ser un solo lugar o incluso menos para Dios». 

Tenemos más información sobre las discusiones entre Zuinglio y Melanchthon, ya que las notas personales de Zuinglio sobre la reunión han sido preservadas y fueron confirmadas por Melanchthon.

Inicialmente, los dos reformadores discutieron las doctrinas de la justificación y el pecado original, y hallaron que ampliamente acordaban en estos temas. Luego pasaron a la discusión de la Eucaristía y, particularmente, a la cuestión de la presencia física de Cristo en la Eucaristía. Zuinglio comenzó la discusión mencionando varias citas de Agustín que pensaba que respaldaban su postura sobre la Cena. Melanchthon respondió diciendo que «incluso si Agustín ha dicho que el cuerpo de Cristo debe estar necesariamente en un solo lugar, él no lo aceptaría».

En este punto debemos señalar que el debate no está comenzando con un «la Eucaristía es meramente un memorial» versus «Cristo está físicamente presente en la Eucaristía». La preocupación de Zuinglio no es argumentar a favor del memorialismo, sino enfatizar que Cristo en su cuerpo solo puede estar en un solo lugar en un solo momento y, por lo tanto, no puede estar presente en la Eucaristía y simultáneamente presente a la diestra del Padre. Esto es un punto importante a señalar para entender la aproximación suiza a esta cuestión.

Melanchthon entonces continuó su refutación atacando el principal argumento de Zuinglio contra la presencia física: Juan 6:63, que dice: «El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha». Melanchthon dice que este texto tenía un significado muy específico dentro del contexto inmediato de Jesús en el judaísmo del primer siglo y que no debe ser leído como diciendo más que eso. A esto añadió: «Cristo no se puso a sí mismo en la boca de los discípulos de una manera circunscrita, ya que los judíos lo entendieron como un tipo de laceración, y aun así Él entregó Su cuerpo para ser comido de una manera oculta».

Zuinglio tenía una respuesta simple para ese argumento: No puedes probarlo desde la Escritura.

Melanchthon, predeciblemente, respondió citando a Cristo: «Esto es mi cuerpo». Luego dijo que no debemos «sin el testimonio claro de la Escritura, desviarnos del significado apropiado de las palabras».

Zuinglio entonces acusó a Melanchthon de cometer la falacia de petición de principio.

Melanchthon, básicamente, respondió argumentando que la razón no puede ser tomada en cuenta en este hecho, pero que aun así es enseñado claramente en la Escritura, citando «esto es mi cuerpo» y «[Él] subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo» de Efesios 4.

Zuinglio respondió que el problema no es que su bando trate de limitar el poder de Dios para hacer algo, sino que la Escritura no provee una base para el entendimiento del cuerpo de Cristo que Melanchthon presenta. Él cita varios textos de Hebreos, particularmente de los capítulos 2 y 4, para respaldar su argumento.

Después de un descanso para el almuerzo, los dos hombres regresaron, con Melanchthon diciendo a Zuinglio que las citas de Agustín citadas al principio de la reunión podrían favorecerlo, pero que el testimonio amplio de los Padres de la Iglesia está firmemente con Melanchthon y los luteranos.

En respuesta a esto, Zuinglio nuevamente regresa a la cuestión de lo que la Escritura misma dice. Él cita Juan 16:7, 13:33, 16:28 y 17:11, así como Mateo 24:23, como ejemplos de Cristo diciendo que Él dejaría la tierra en su cuerpo. Dado que Dios no puede mentir, esto tiene que significar que Cristo está en el cielo y, por lo tanto, no en los elementos de la Eucaristía.

Conclusión

En este punto, los dos partidos terminaron por el día, pero solo después de acordar en lo siguiente (nuevamente citado de Sasse):

La Palabra es tomada como la expresión de la mente de Dios. Esta mente es la voluntad de Dios, vestida en palabras humanas. La mente humana capta esta expresión de la voluntad divina, cuando es atraída por el Padre.

Así terminó el primer día del Coloquio de Marburgo. Regresaremos mañana para discutir qué pasó en el primer día oficial de la reunión luego de la llegada de los luteranos alemanes del sur.

Este artículo fue publicado originalmente en The Davenant Institute. Traducido por Romel Quintero.

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