Ulrico Zuinglio: el guerrero de la Reforma

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Al mismo tiempo que Lutero agitaba las cosas en Alemania, ¡otro joven llegaba a conclusiones similares de manera independiente! Su nombre era Ulrico Zuinglio, y era un ávido lector de Erasmo. Leer a Erasmo lo convenció de que no debía ir a la Virgen María o a los santos por salvación, pero, aun así, tomó tiempo para que entendiese la verdad del evangelio. Mientras estudiaba para ser un sacerdote, sucumbió a la tentación y embarazó a su novia. Esto casi le impidió obtener el trabajo como sacerdote en la ciudad de Zurich, ¡pero su único serio competidor tenía seis hijos!

Zuinglio era un buen predicador y exegeta, pero un cambio ocurrió en 1519 cuando contrajo la plaga y su hermano Andrés murió. La experiencia creó en su mente la idea de que había sido librado para predicar el evangelio. Pronto se convirtió en un predicador muy emotivo y llegó, como Lutero, a las mismas conclusiones en cuanto a la justificación por la fe. Fue acusado de ser un luterano y dijo: «Predico como Pablo escribió. ¿Por qué no me llaman paulino?». Renunció al papado, pero Roma lo perdonó por un tiempo, ya que ella descansaba en un suministro constante de mercenarios suizos para sus guerras. Zuinglio también se casó secretamente con una viuda llmada Anna Reinhart; el matrimonio no fue público por dos años.

Zuinglio, a diferencia de Lutero, quería que todos los aspectos de la adoración se basaran en la Escritura y, como resultado, todos los ornamentos de la iglesia fueron instantáneamente removidos, los servicios pasaron a la lengua vernácula y Zuinglio comenzó a dar pan y vino al laicado (aunque solo cuatro veces al año). Extrañamente, Zuinglio era un músico talentoso, por lo que los romanistas se burlaban de él como «el guitarrista» o «el evangelista con flauta»; pero los cánticos e himnos estaban excluidos de sus servicios: incluso los Salmos apenas eran leídos en voz alta de manera antifonal (los hombres leían la mitad del verso y las mujeres la otra mitad).

Zuinglio también lidió con algunos de los primeros anabautistas. Ocurrió que varios padres se negaron a llevar a sus niños a ser bautizados, lo que llevó a una crisis civil, ya que el bautismo era esencialmente una forma de ciudadanía. Zuinglio se anticipó e hizo que el consejo de la ciudad permitiera un debate público sobre el tema. Zuinglio y su amigo Bullinger debatieron con los anabautistas por dos días, y al final el consejo afirmó la posición de Zuinglio y amenazó con desterrar a todo el que se opusiera a bautizar a sus hijos.

Cuando un grupo de radicales decidieron bautizarse «de verdad» entre ellos sobre la base de la profesión de fe, fueron arrestados por traición (la religión era vista como el bastión del estado, por lo que esencialmente era como crear un estado privado). Zuinglio amablemente trató de razonar con los radicales, pero fue inútil. Escribió un tratado llamado Bautismo, rebautizo y el bautismo de infantes. En este, no solo acuñó el término anabautista, sino que también fue el primero (hasta donde sé) en hacer la conexión entre el bautismo y la circuncisión, argumentando que ambos no eran rituales mágicos, sino señales y sellos del pacto. Aquí nació la teología del pacto.

Mientras el emperador Carlos V se preparaba para desarraigar a los herejes, un grupo de evangélicos hicieron una Protesta junto con seis príncipes y catorce ciudades como signatarios. No fue una protesta en el sentido negativo y moderno de la palabra, sino algo más como «un testimonio a favor». Para unirse contra las represalias romanistas, Felipe de Hesse hizo que Lutero y Zuinglio se reuniesen en el coloquio de Marburgo para resolver sus diferencias en cuanto al asunto de la Cena del Señor. Lutero sostuvo que, aunque el pan y vino eucarístico permanecen como pan y vino (rechazando la transubstanciación), Cristo de alguna forma misteriosa estaba «en, bajo y con» el pan, y que negar esto era torcer las Escrituras. Zuinglio había concluido que «esto es mi cuerpo» significaba «esto representa mi cuerpo», y así el pan y el vino eran símbolos, con el propósito de avivar la fe y adoración, pero no canales místicos de gracia. Lutero, sin necesidad complicó el asunto al conectar el argumento con debates cristológicos, ¡y pronto ambos reformadores se acusaban entre sí no solo de errores, sino también de herejía!

Lutero ni siquiera pensaba que Zuinglio fuese cristiano y dijo que Zuinglio era ahora «siete veces más peligroso que cuando era un papista», ¡y que preferiría beber sangre con los papistas que vino con los zuinglianos! Lutero era vehemente por varias razones: Zuinglio estaba usando los mismos argumentos que Carlstadt; su entendimiento de «discernir correctamente el cuerpo y la sangre de Jesucristo» (lo que significaba que los seguidores de Zuinglio comían y bebían juicio para sí mismos), y su propia tendencia natural a ver todo en blanco o negro.

Sin embargo, la culpa aún recae en los hombros de Lutero. Según la leyenda, Zuinglio vio dos cabras encontrándose en un sendero montañoso y estrecho, donde solo había paso para una. Cuando se encontraron, una cabra se agachó frente a la otra y la otra caminó sobre ella. Puede que la historia no sea cierta, pero ciertamente Zuinglio era el interlocutor más pacífico; cuando Lutero entró al coloquio de Marburgo, escribió «esto es mi cuerpo» en la mesa con un pedazo de tiza, y desde ese momento no cedería. Zuinglio rogó, con lágrimas en sus ojos, que Lutero al menos los reconociera como cristianos, de modo que pudieran unir fuerzas contra la represalia de Roma. Lutero se negó a hacerlo.

A pesar de su fracaso, el emperador convocó a los protestantes alemanes a la dieta de Augsburgo donde pudieran declarar sus puntos de vista. Felipe Melanchthon, el amigo apacible y amable de Lutero, escribió la Confesión de Augsburgo, un documento protestante amplio que podía ser firmado por todos, excepto por los acérrimos zuinglianos. Sin embargo, a Carlos V le desagradó, y así las fuerzas alemanas y suizas se unieron en la Liga de Esmalcalda. Era necesaria: en 1531, las fuerzas romanistas atacaron y derrotaron a los protestantes en Kappel; Zuinglio peleó como un soldado y salió herido. Después de la batalla, los soldados romanistas lo mataron cuando se negó a orar a la Virgen María. Aunque Lutero no derramó lagrimas por su muerte, la Reforma perdió ese día a un poderoso defensor de la fe.

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Autor: Brian Marr es editor e investigador en Canon Press, un alumno de New Saint Andrews College y un devoto servidor de las artes liberales. Es coeditor en Hooker Modernization Project.

Traducido por Romel Quintero.

Ser irénico es ser completamente bíblico y evangélico en teología, rigurosamente perenne en filosofía, católico en alcance y pacífico en espíritu.

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