Atanasio sobre el Dios simple y la generación eterna

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La doctrina de la simplicidad divina ha sido una piedra angular de la dogmática cristiana durante la mayor parte de la historia de la Iglesia, y actualmente está disfrutando de cierto renacimiento. Varios trabajos académicos recientes han tratado de empujarla al centro de la conversación teológica académica.

Aún así, imagino que la mayoría de los lectores creen que es una noción bastante abstracta que no parece hacer mucha diferencia para ellos. Es exactamente ese pensamiento el que me gustaría abordar en este ensayo. Usando los argumentos teológicos de Atanasio de Alejandría, demostraré cómo la doctrina de la simplicidad divina está en el centro de la doctrina de la Trinidad.

Atanasio de Alejandría
Atanasio fue uno de los teólogos más importantes del siglo IV. Aunque no se convirtió en obispo hasta poco después del Concilio de Nicea (por lo que probablemente no fue un participante activo en el concilio mismo), rápidamente se convirtió en su mayor defensor.

Mucha gente relaciona a Atanasio con el término homoousios. Esta es la famosa consigna, que se encuentra en el Credo de Nicea, que el Hijo de Dios es «de una sola sustancia con el Padre». Los diversos partidos arrianos tendían a rechazar este término, argumentando que el Hijo era inferior y subordinado al Padre. Esta forma de entender el debate está bien hasta un punto, pero los lectores contemporáneos notarán que Atanasio no utiliza el término homoousios tanto como se podría esperar.

En cambio, Atanasio prefiere argumentar que el Hijo de Dios es nacido o «engendrado» de Dios el Padre. Ser un Hijo significa nacer de un Padre, y Cristo nació de Dios. Atanasio creía que esta era la principal forma bíblica de hablar sobre Jesús.

Visto a nivel humano o terrenal, este lenguaje parece ceder mucho a la posición arriana. Después de todo, ¿no son los hijos necesariamente inferiores a sus padres? ¿No son los padres siempre «antes» que los hijos?

Aquí es donde entra la doctrina de la simplicidad divina. Para Atanasio, el eterno Hijo de Dios ciertamente es nacido del Padre, pero el Padre tiene una esencia simple. Y si el Padre es simple, entonces no puede admitir distinciones de tiempo y espacio. No puede dar una parte de su esencia a su Hijo. Debe darla toda.

Definiendo la simplicidad divina
La explicación más fácil de la simplicidad divina es que Dios no está hecho de partes. «Simple» se usa para significar lo opuesto a «compuesto» o «complejo». Dios no puede ser dividido en secciones o segmentos distintos. No hay «mayor» o «menor» en Dios, ni tampoco hay atributos accidentales que puedan ser eliminados de Dios conservando un núcleo esencial.

Dios es quien es, y Dios es lo que es (Éx. 3:14). El Apóstol Juan llega incluso a identificar a Dios con su atributo de amor, escribiendo: «Dios es amor» (1 Juan 4:8), y: «El que permanece en el amor, permanece en Dios» (1 Juan 4:16).

Atanasio explica la simplicidad en varios lugares. En su primer libro escribe: «Porque los hombres, compuestos de partes y hechos de la nada, tienen su discurso compuesto y divisible. Pero Dios posee la verdadera existencia y no es compuesto…» (Contra Gentiles, 41).

Atanasio niega explícitamente que se pueda decir que Dios tiene «accidentes» dentro de él (De Decretis, 5.22). En uno de sus últimos escritos, pone las cosas de esta manera:

Porque Dios, quien ha compuesto todas las cosas para darles el ser, no es compuesto, ni es de naturaleza similar a las cosas hechas por él a través del Verbo. Lejos esté tal pensamiento. Porque él es esencia simple, en la que no hay cualidad, ni, como dice Santiago, «ninguna variabilidad o sombra de cambio» (A los obispos de África, 8).

La simplicidad divina y la generación eterna
Atanasio entonces aplica esta noción al concepto de la generación del Hijo divino del Padre. Para ser Padre se requiere tener una descendencia, y para ser Hijo también se requiere tener un Padre. Por lo tanto, surge la pregunta: ¿cómo es que Dios es eternamente padre?

Si Dios solo pudiera convertirse en padre creando, entonces la implicación sería que Dios solo podría ser él mismo con la adición de la creación. Dios sería, en un sentido, dependiente de la creación. Contrariamente a esta impensable sugerencia, Atanasio argumenta que Dios es eternamente Padre.

De la misma manera, el Hijo siempre ha sido un Hijo para el Padre. Nunca hubo un momento o incluso un pensamiento «cuando no lo era». Y la forma en que Atanasio explicó todo esto fue para conectar la generación eterna del Hijo con la doctrina de la simplicidad divina.

Si bien es cierto que los padres terrenales preexisten a sus hijos y les conceden la vida que de otra manera sus hijos no tendrían ni podrían tener, esto no es cierto para Dios, ya que Dios es de una esencia totalmente diferente. Dios no tiene tiempo ni espacio dentro de él. De hecho, Dios no tiene partes. Atanasio explica:

Porque la descendencia de los hombres son porciones de sus padres, ya que la naturaleza misma de los cuerpos no está descompuesta, sino en estado de flujo, y compuesta de partes; y los hombres pierden su sustancia al engendrar, y de nuevo ganan sustancia por la accesión de los alimentos. Y por esta razón, los hombres en su tiempo se convierten en padres de muchos hijos; pero Dios, siendo sin partes, es Padre del Hijo sin partición ni pasión; porque no hay ni emanación de lo inmaterial, ni afluencia desde afuera, como entre los hombres; y siendo de naturaleza no compuesta, es Padre de un solo Hijo (De Decretis, 3.11).

Fíjese en la mención de que Dios «no tiene partes». La cualidad de la esencia de Dios mantiene la lógica.

De hecho, dado que la simplicidad divina implica que todo de Dios es todo de Dios, esto significa que cuando el Padre «da» algo de sí mismo al Hijo, da todo de sí mismo al Hijo. Así es como Atanasio explica Juan 5:26: «Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha concedido al Hijo tener vida en sí mismo». Atanasio ha escrito:

Es necesario, entonces, que percibamos que en el Padre reside la Perpetuidad, la Eternidad, la Inmortalidad. Ahora bien, estos residen en él no como atributos adventicios, sino que, por así decirlo, residen en él y en el Hijo como en un manantial (…) pues lo que pertenece al Padre, pertenece al Hijo» (Sobre Lucas 10:22, 4).

Esto significa que cuando el Padre genera al Hijo, no da una parte de sí mismo a su Hijo. Dios no delega una porción o porcentaje de la deidad a su Hijo. Él da toda su naturaleza. Lejos de ser un desafío para la plena deidad de Cristo, la generación eterna del Hijo implica la total igualdad de la naturaleza entre el Padre y el Hijo en Dios.

Conclusión
La doctrina de la simplicidad divina es una explicación de la naturaleza misma de Dios. Explica cómo es Dios, qué clase de Dios es. Es una doctrina filosófica, por supuesto, pero fue una doctrina filosófica que permitió a Atanasio defender la doctrina de la Trinidad misma, y la deidad plena e igual del Hijo de Dios.

Entender la simplicidad divina ayudará a los cristianos modernos a comprender mejor su propia fe, ya que entenderán mejor lo que quieren decir cuando dicen que el Hijo eterno de Dios fue «nacido» o «engendrado» del Padre y también que el Hijo es igual al Padre en esencia, gloria y poder. Gracias a la simplicidad, podemos decir que el Hijo de Dios es Dios verdadero de Dios verdadero.

Publicado originalmente en inglés en The Gospel Coalition Canadian Edition. Traducido por Romel Quintero.

Es el pastor asociado de Faith Presbyterian Church en Vancouver, British Columbia. Escribe sobre teología, historia y teoría política, y ha enseñado en Jr. High y High School. Es el fundador y editor general de The Calvinist International, una revista en línea de humanismo cristiano y teología política, y es uno de los directores del Davenant Institute.
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